¿Y cómo sí? Democracia Liberal

Colombia no se construye si cada quien se atrinchera en su orilla después de las elecciones. Porque la mirada estatal quedaría sesgada hacia los «ganadores» — y con ella, las soluciones.

Miremos el mapa electoral. En una Colombia dividida sin patrón claro, hay algo más profundo que no se alcanza a ver. No es geográfico: no es sur contra norte, costa contra interior. No es económico: no es ricos contra pobres. No es ideológico: no es liberales contra conservadores. No es generacional, ni sectorial, ni religioso. No es defensores de la constitución vs totalitaristas.

¿Qué es entonces?

Algunos ya hablan de demócratas y republicanos, pero ese marco no es nuestro contexto — y aunque sirve de referencia, nos deja en el mismo limbo porque en EEUU están igual o más confundidos. Pero la pregunta sigue vigente y hay que ahondar rápidamente en ella, con muchas miradas, para avanzar hacia soluciones que nos satisfagan a todos.

Hay un porcentaje de colombianos — entre el 15 y el 20 por ciento, según distintas lecturas del resultado — que cree en visiones menos binarias porque probaron su fracaso. Gente que no está buscando un camino intermedio sino un camino nuevo, gobierne quien gobierne. Un camino que no sesga las posturas a la idea que tiene del otro lado, sino que la conoce y trabaja con ellas.

Hay colombianos que consideramos que el centro no es una síntesis de posturas: sino que es una postura en sí misma, pero también una forma de enfrentar la vida profesional e incluso personal.

El centro más que ideologías, son métodos de conversación, formas de diseño público. El centro siempre ha trabajado sobre contextos rotos, por eso se han denominado puentes, que no creo que sea realmente lo que somos, pero funciona la analogía de alguna manera.

En este modo de pensar la diversidad abarca los dos lados del puente que conecta, no le da las banderas de la diversidad a unos y se las quita a otros. Eso sería muy raro. Tampoco prejuzga a quienes piensan de una u otra manera frente a un tema puntual, porque sabe que los seres humanos somos mucho más complejos que una idea política, un estrato social o un linaje.

El centro bien parado sabe que los contextos no están rotos, sino que son diversos y atravesados por su historia — y por eso complejos. Y que las únicas soluciones que no son frágiles son las que se construyen con todas las miradas adentro.

El ¿y cómo sí? no es un decálogo de soluciones. Es un método para llegar a ellas.

Parados sobre ese método particularmente para Colombia es fácil ver que no nos debatimos entre el comunismo y el capitalismo. Sino que hay dudas, normales, sobre las asimetrías que deja el libre mercado.

Parados sobre ese método, lo primero que se ve no es ideología sino infraestructura: un Estado que lleva décadas intentando cerrar las mismas brechas con las mismas herramientas.

Por cierto, unas que siempre se supo que habría y que por eso al Estado se le entrego la competencia de cerrarlas. Ese Estado ha delegado su competencia para ser más eficiente en las Cajas de Compensación, las ONG, la vigilancia privada y ha creado mecanismos que incentivan a la empresa privada para acompañarlo en su misión: Deducciones de impuestos, obras por impuestos.

El legislativo por su lado cumple también con esa tarea de cerrar asimetrías. Por ejemplo a la empresa privada la ha llevado a cumplimientos estrictos en términos de DDHH y ambientales para cerrar las asimetrías sociales y llevarlas a producir de manera sostenible, también la ha cargado de impuestos progresivos que ya van llegando al máximo para hacer rentable una organización y ha asignado recursos vía subsidios y otros para cerrar brechas. Lo mismo intenta a hacer con la salud, con la educación, con los servicios públicos, con los recursos naturales.

¿Lo hace bien? ¿no? ¿cómo podría hacerlo bien?

La pregunta no es fácil. Y hay que partir de que la eficiencia del Estado en sus formas ejecutivas, legislativas y judiciales, pueden cuestionarse sin cuestionar el modelo democrático, que honestamente, nadie lo hace porque aquí se siguen llevando a cabo elecciones, se paran reformas, se derogan decretos, se emiten sentencias.

¿Puede mejorar? Por supuesto.

Una democracia liberal, necesita pesos y contrapesos para mantenerse a si misma y por eso crea sus propios mecanismo de control que cuando funcionan bien puede sentirse como un caos, pero realmente es la democracia actuando.

En ese contexto democrático imperfecto cruzado por la violencia histórica desde el colonialismo, que masacro indígenas y criollos o «locales» en palabras más modernas, pasando por guerrillas que usaron las vías de hecho en un país de leyes, hasta el actual narcotráfico que es complejo y tiene varias formas de delincuencia (droga, tráfico de menores, extorción, armas, reclutamiento); han quedado heridas tan profundas que se han llevado los pesos y contrapesos al límite humano de la contradicción.

El país no solo tiene que aprender a debatir, sino a crear valor. Y eso se sale de la lógica de pesos y contrapesos tradicional.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/juana-botero/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar