Velia Vidal y el poder que nace fuera del poder

En un país acostumbrado a pensar que el cambio siempre llega desde el poder —bien sea desde un decreto, desde un ministerio o desde una oficina en Bogotá—, a veces olvidamos que hay revoluciones silenciosas que empiezan en un libro abierto sobre una mesa de madera, en una historia contada a un niño, en un espacio cultural levantado con terquedad y amor en medio del Chocó profundo.

Hace unos días estuve en la FLECHO, la Feria del Libro y Escritura del Chocó, y salí de allí con una certeza que cada vez se vuelve más fuerte en mí: la transformación de un territorio no siempre empieza en el Estado. A veces empieza en la cultura. Y en el corazón de esa apuesta está Velia Vidal.

Velia no es solo, quizá, una de las escritoras más relevantes del Chocó en los tiempos actuales; es, además, una de las fundadoras de FLECHO. También fundó Motete, un centro cultural en Quibdó que se ha convertido en un lugar donde la palabra tiene casa, donde la memoria y las costumbres de nuestro territorio se protegen y se mantienen vivas como lo que son: el símbolo que nos permite habitar nuestra chocoanidad con sus ritmos, su historia y toda la mística que nos rodea.

En un departamento que ha sido históricamente abandonado por el Estado, apostar por la lectura, por la escritura, por la cultura, por el trabajo colectivo y por la preservación de las narrativas propias es un acto profundamente político.

Porque leer también es resistir. Contar nuestras historias también es disputar poder. Habitar, estudiar y conservar nuestras costumbres es, en sí mismo, un acto de profunda revolución.

Por eso salí de FLECHO con una admiración profunda hacia Velia y hacia todo lo que ella representa. Porque está absolutamente convencida de que un cuento puede cambiar una vida; de que el trabajo colectivo es lo que conserva las tradiciones en medio de tantos problemas; de que un libro puede abrir mundos donde antes solo había silencio; de que la esperanza se deposita en la misma gente que habita el territorio y no en promesas vacías y desconectadas de los políticos de turno. Porque la cultura no es un adorno del desarrollo: es su raíz.

Y hay algo más que me conmovió profundamente.

Hace un tiempo, Velia escribió una columna en la que cuestiona la forma en que se ejerce el poder desde la Vicepresidencia de la República. Y lo hizo con valentía, con lucidez y con independencia. No desde el ataque fácil, sino desde una reflexión necesaria. Y eso, en el Chocó y en este país, es profundamente valioso.

Porque también necesitamos eso: voces afro que no solo ocupen espacios de poder, sino que se atrevan a discutirlo, a pensarlo, a tensionarlo.

La representación no puede convertirse en silencio. Y la identidad no puede ser utilizada como un escudo para evitar el debate.

Que una mujer chocoana, afro, escritora y gestora cultural se atreva a cuestionar las formas del poder —incluso cuando ese poder también tiene rostro afro— es una señal de madurez política que deberíamos celebrar más. Eso también es liderazgo. Eso también es construir democracia desde el territorio.

Mientras muchos siguen esperando que el desarrollo llegue desde arriba, personas como Velia están haciendo algo mucho más profundo: están sembrando futuro desde abajo, desde la niñez, desde la memoria y desde la palabra.

Y quienes estuvimos en FLECHO lo sentimos.

Porque allí no solo había libros. Había identidad. Había dignidad cultural. Había un trabajo colectivo impecable. Había una apuesta clara por decirle al país que el Chocó también piensa, escribe, narra, produce conocimiento y conserva sus costumbres como un tesoro que no estamos dispuestos a ceder.

Mi conclusión fue clara: el Chocó no necesita que lo salven; necesita que lo escuchen. Por eso salí de FLECHO con orgullo, pero también con esperanza.

Porque cuando un territorio empieza a contarse a sí mismo, algo cambia para siempre.

Y tal vez ahí —no en los discursos oficiales ni en las promesas de campaña— es donde empiezan las verdaderas transformaciones: en un cuento, en una niña que descubre un libro, en una mujer como Velia Vidal que decidió creer que la cultura podía mover el mundo.

Y, honestamente, creo que tiene razón.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/ximena-echavarria/

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