No tener alma

La madre grita:

Un ser que yo amaba

No sabe cuánto lo odio por eso, porque me ha quitado parte de mi vida, parte de mi alma, sí le digo señor, con toda mi alma, lo odio, lo odio con todo mi corazón

Y perdóneme porque ustedes no saben cómo es que le arranquen a un hijo en esas condiciones, un hijo que era bueno, un hijo que me amaba

Veinte años sin saber dónde estaba y ya me lo habían matado y yo no sabía… eso no es perdón, eso no tiene consciencia.

Usted no tiene alma

Y ahí se para el mundo

O debería pararse

Tendría que pararse

Ese dolor debería quebrarnos, movilizarnos por la verdad, concientizarnos, hacernos hablar, movernos

debería dolernos adentro, profundo

debería volverse nuestro, como un todo, como un país

Pero ese dolor incomoda porque no sabemos qué hacer:  

Mi señora, por favor

pido el apoyo sicosocial

Yo entiendo

No

Es imposible entender y, sin embargo, es peor lo que tantos —que solo podría explicarse por la falta de alma— han hecho: negarlo, decir que es un mal menor, que el número es equivocado, que el 6 402 es una invención, que no eran tantos, como si lo que importara fuera la cantidad y no que a una madre, aunque fuera a una sola, le mataron a su hijo. Se lo mató el Ejército.

El Estado, ese llamado a cuidar a sus ciudadanos, es el responsable.

Y todo —o mucho— porque hay que cuidar los intereses políticos, porque en el silencio no existen ni las víctimas ni los dolores de otros.

Y ahí nos vemos repitiendo, votando por los negacionistas, disfrazándolos de centro.

En este país, la guerra es una invención y las víctimas —que hay tantas, tan diversas, de tantos grupos, viejas y nuevas— unos fantasmas que incomodan, que ponemos debajo de la alfombra para que no las vea la visita, para que las cubra el polvo.

Para olvidarlas

Pero una mamá grita su dolor

Se llama María Dolores Sánchez y a su hijo, Giovanny Arias, lo mataron el 24 de mayo de 2006

Nos lo grita de frente

Nos dice:

No sabe cuánto lo odio por eso

Y nos merecemos (se merecen) el odio, por malparidos.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/

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