La primera semana del año es extraña: el calendario se reinicia, pero el país no. Volvemos a la rutina con la misma sensación de fondo con la que cerramos diciembre: que la seguridad sigue siendo una deuda y que el miedo sigue organizando buena parte de la vida cotidiana. Cambian las fechas, cambian los propósitos, pero no cambia la pregunta que se repite en hogares, barrios y veredas: ¿podremos vivir sin miedo?
En Colombia, el cambio de año no conlleva una tregua automática frente a la criminalidad. Los grupos se reacomodan, los territorios se disputan, los mercados ilegales siguen funcionando y, en las ciudades, la percepción de seguridad se tensiona con cada video viral de un hurto o cada noticia de extorsión. Por eso retomo hoy la agenda que tendremos los colombianos en 2026, con la esperanza de que en estos 365 días encontremos soluciones reales a los riesgos que siguen quitándonos el sueño.
La frontera con Venezuela. Atentos estaremos a lo que suceda este año en los puntos críticos de la frontera entre Colombia y Venezuela. Sabemos que lo que ocurre en el país vecino impacta directamente en las dinámicas criminales en Colombia: desde hace ya un buen tiempo, diversos grupos traspasan la frontera, delinquen en ambos lados y aprovechan vacíos institucionales. El anuncio de un acuerdo nacional por parte del ELN, justo cuando Venezuela atraviesa un momento político crítico, no parece casualidad.
Las zonas de conflicto que el Gobierno nacional no pudo gestionar en 2025. Este será otro año más para seguir de cerca puntos complejos como el Catatumbo, El Plateado o el Bajo Cauca antioqueño. Son sectores de la geografía nacional donde se combina la extracción de rentas criminales con vacíos institucionales que impiden al Estado ejercer un control efectivo del territorio; allí confluyen indicadores críticos de vulnerabilidad social y económica, junto con formas de gobernanza criminal.
La seguridad de los candidatos a las elecciones del Senado, de la Cámara de Representantes y de la Presidencia. El año 2025 revivió momentos que pensábamos superados en el país y nos mostró que cualquier alerta relacionada con los cientos de candidatos que tendremos no puede subestimarse. Son muchos los retos que tendrá el Estado para blindar estas elecciones y garantizar el derecho de muchos a ser elegidos. Pero también para asegurar que todos los que tengamos la voluntad podamos acudir a las urnas y votar por los candidatos de nuestra preferencia.
La seguridad urbana. En un momento de la historia en el que se comparten con facilidad imágenes y videos de hurtos a personas, al comercio y a residencias, crecen las preocupaciones por la aparente facilidad con que los delincuentes actúan. Este será un año para seguir preguntándonos cuáles son las mejores estrategias para prevenir los delitos contra el patrimonio de las personas en los espacios públicos, pero también para ver cómo hacer más efectivas las leyes vigentes y controlar estos delitos. Impunidad, cárceles hacinadas, congestión judicial… el repertorio de problemas que debe abordar la institucionalidad es amplio.
Pero no se trata solo de hurtos. Este también será un año para preguntarnos por las dinámicas de la extorsión, el nivel de denuncias ciudadanas sobre este fenómeno y los avances del Estado colombiano para proteger a las víctimas. En un país donde la confianza de los ciudadanos en la justicia es baja, es clave avanzar en la desarticulación de los grupos que aprovechan su poder de intimidación para “vacunar” a los ciudadanos y a los comerciantes en cientos de barrios y veredas del país.
El desaguisado de la paz total. Cuando el actual Gobierno nacional está a punto de finalizar su periodo, vale la pena preguntarse: ¿cuál será el legado de los procesos con los grupos criminales que fueron invitados a dialogar? Con estructuras más empoderadas, más confiadas, más extendidas por el territorio y más diversificadas en sus rentas ilegales, ¿qué propuestas podemos esperar de los nuevos gobernantes y representantes del pueblo? ¿Nos limitaremos a escoger entre soluciones electorales extremas o empezarán a primar apuestas pragmáticas y equilibradas?
Este será el rosario de temas que estará en el radar para la elaboración de mis columnas durante 2026. Como vemos, no será un año tranquilo ni cómodo ni mucho menos fácil de analizar. En todo caso, siempre será un objetivo loable entender cómo mejorar las intervenciones que buscan asegurar condiciones de tranquilidad, seguridad y convivencia para los colombianos. Y ojalá, en este año electoral, sobren las soluciones y escaseen los discursos vacíos.
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