Lo que el centro se llevó

Tras los resultados de la encuesta de AtlasIntel, publicada ayer, puede afirmarse que la derecha llegaría a conseguir la victoria como el triunfo del sobreviviente, siendo la propuesta que quizá no convence, pero sí la que menos espanta. Francia en 2002 vivió un escenario similar cuando Chirac venció a Le Pen, no por cercanía ideológica del electorado sino porque la amenaza de la extrema derecha unificó bloques equidistantes.  En el caso colombiano, la izquierda parece haber encontrado un techo, mientras que el sentimiento antipetrista, aunque dividido, tiene altas probabilidades de llevarse la segunda vuelta.

Conviene preguntarse además cuál es el espacio del centro en la conversación, más allá de que algunos medios y sondeos, con entusiasmo, siguen fantaseando con la posibilidad de que Fajardo llegue a segunda vuelta. Donde además como novedad, perdería en todos los escenarios, excepto contra Cepeda.

Ahora bien, de vuelta con los escenarios posibles para el 31 de mayo, AtlasIntel revela tres aspectos relevantes a considerar. 1. La izquierda parece haber encontrado su techo; 2. La derecha llegará dividida a primera vuelta y con chances de ganar en segunda, más por incapacidad de la izquierda que por mérito propio; 3, El centro político que afirmaban algunos sería determinantes para segunda vuelta, parece que no existe como fuerza electoral.

El centro político, como categoría mediática, no sociológica, expone la narrativa instalada por algunos sectores, otrora relevantes para definir elecciones. Sectores que cómodamente han afirmado que la polarización es el problema, por lo que se requieren líderes moderados, que superen la lógica amigo-enemigo, como si en política los consensos fueran lo que determina las decisiones. Premisa errada si se tiene en cuenta que la asimetría y la correlación de fuerzas demuestran quién se impone. Pues bien, esta es una narrativa atractiva pero que, en términos electorales, es completamente inútil.

Y el problema no es la narrativa en sí, sino la confusión que genera entre una posición con una identidad, generando entonces que se equipare un lugar en el espectro ideológico con una comunidad política real. Sergio Fajardo ha sido desde 2018 la figura canónica de esa apuesta narrativa y esa forma aséptica de ver la política. Culto, moderado, antiuribista sin ser petrista, con una trayectoria de gestión pública que sus seguidores citaban con orgullo. En primera vuelta de 2022 obtuvo 888.457 votos aproximadamente el 4,2% del total. Ha sido tan bueno en sus últimas elecciones, que no representa a nadie.

Este es apenas un ejemplo, que queda en evidencia tras los resultados de AtlasIntel, que marca además una derrota anticipada del principal representante del fantasioso centro político. Anthony Downs postuló que los votantes se distribuyen en campana alrededor del centro y que los partidos convergen hacia ese punto de equilibrio. El problema es que la distribución colombiana no tiene forma de campana, sino de U, o más precisamente, de dos picos separados por un valle. El centro habita ese valle. Y los valles, no eligen presidentes.

Superada la idea de que el centro es relevante para determinar quién será el próximo presidente, conviene hacer una distinción respecto de la polarización que este sector tanto rechaza. La polarización no es la causa de las divisiones sociales sino un síntoma.

Colombia tiene importantes fracturas y/o divisiones estructurales que no se recogen completamente en la visión de izquierda vs derecha que se ha pretendido posicionar. Esas tensiones y divisiones no se producen por la política, por el contrario, esta es la dimensión que las procesa, las articula y las convierte en preferencias electorales. Cuando se propone superar la polarización como objetivo en sí mismo, sin tocar las causas materiales de esas divisiones, se está evadiendo la responsabilidad de solucionar las causas de fondo de los problemas.

Volvemos, entonces, al principio. Si la geometría que hemos descrito se sostiene, techo duro de la izquierda, derecha fragmentada en primera vuelta, centro sin capacidad de transferencia, el resultado más probable es una segunda vuelta entre Cepeda y el sobreviviente de derecha, quien potencialmente ganaría con un mandato más débil de lo que parece.

En el caso francés, Chirac sobrevivió cinco años con ese mandato vacío. Para Colombia, quizá es momento de darse cuenta de que el problema no es la polarización, que el remedio no es el centro y que la siguiente elección será diferente si elegimos mejor el envase.

Sea este el momento de entender que el envase no es tan relevante cuando se evalúa su contenido, que conjuga una serie de conflictos redistributivos, territoriales e identitarios que ningún candidato moderado, ninguna coalición de buenas intenciones y ningún editorial sobre la necesidad de unidad va a resolver con retórica. Esos conflictos necesitan política, la cual pasa por la disputa y no necesariamente por su evasión.

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