Tras una semana de la primera vuelta, estuve reflexionando acerca de las razones por las cuales la izquierda encontró un techo, hace meses, que hoy parece imposible de superar. A pesar de tener la “maquinaria” del gobierno y de contar con la mayor bancada en Senado y Cámara de Representantes, parece que Iván Cepeda no será capaz de remontarle a Abelardo de la Espriella.
Más allá de buscar responsables en el actual gobierno, que seguramente los tendrá, las razones del estancamiento de la izquierda pasan por la incapacidad de construir relatos que emocionen y generen una visión optimista del país. La izquierda colombiana lleva años sosteniendo la denuncia y el control político como eje central de sus discursos, y está bien, es necesario visibilizar cuando los adversarios políticos cometen errores, pero ¿dónde queda el proyecto de país que ofrece este sector?
Sin una visión de largo plazo de lo que se quiere para Colombia será casi imposible atraer sectores que no están convencidos ideológicamente. Presento a continuación los que considero son los errores estructurales de la izquierda en esta campaña, pero que llevan siendo parte de su ejercicio durante décadas. Y a pesar, muy a pesar, de esto, llegaron al poder en 2022.
Lo primero es que la izquierda colombiana no ha logrado quitarse el estigma de ser un sector al que no le interesa la economía, mucho menos el progreso y desarrollo del país. Y más allá de que las cifras respalden o no estas afirmaciones, lo que es claro es que el votante medio, el indeciso, hoy está dispuesto a votar por Abelardo, o no votar, por el miedo de que su patrimonio, sin importar su tamaño, se vea afectado con la continuidad del actual proyecto político.
Sea cierto o no que la economía ha empeorado, hay una narrativa instalada que la izquierda no se ha preocupado por combatir. Para hallar respuestas a este tema uno puede remontarse a Nicolás Maquiavelo, quien en El Principe afirmó que es más fácil que alguien perdone el asesinato de un familiar que una afrenta a su propiedad privada. Esto se traduce en temas como la inflación, aumento de impuestos, inversión, entre otros que preocupan a la ciudadanía y que parecen no ser la prioridad de la izquierda colombiana, quizá sea momento de desempolvar aquella frase de James Carville: es la economía, estúpido.
Escuché hace poco en un foro al expresidente de Chile, Gabriel Boric, mencionarse acerca de la manera en que las izquierdas deben actuar ante los retos globales como el crecimiento de autoritarismos y derechas radicales. Lo que se puede destacar es que para Boric no basta con enarbolar las ya tradicionales banderas: justicia, medioambiente, derechos de las minorías, al contrario, es fundamental que los proyectos políticos brinden una perspectiva de futuro y esperanza a sus sociedades, que tengan claro cuánto y cómo esperan crecer económicamente, porque de lo contrario, el miedo a ser expropiados y a economías débiles, seguirá siendo una razón para que los moderados y de centro, decidan darle la espalda.
Para el caso colombiano, esto no es ajeno, el Pacto Histórico ha sido incapaz de sostener un mensaje de progreso y desarrollo. Además, al tiempo que sigue afincado en los mismos temas de siempre, y que no convencen a otros sectores políticos, ha escogido en esta contienda muy mal a sus contrincantes.
La campaña de Cepeda se enfrascó en atacar al uribismo, definiendo desde antes de primera vuelta quién iba a ser el enemigo a vencer. Pésima lectura de la realidad política y de las capacidades de la nueva derecha. Al tiempo que Cepeda representa el sentimiento anti-uribista, escogieron a Aida Quilcue como rival directa de Paloma, territorial y discursivamente. Craso error.
Hoy, tras haber perdido la primera vuelta, parecen navegar en una ambivalencia ante la imposibilidad de aglutinar un único discurso en contra de Abelardo, mientras que no logran convencer que no expropiarán, que no harán una Constituyente, que no seguirán haciendo trizas al sistema de salud. Y un largo etcétera, que con toda razón, hoy parte del electorado se encuentra temeroso por la posible continuidad de un proyecto que fue incapaz de discutir y generar acuerdos.
Paradójicamente el vencedor de la primera vuelta, Abelardo, no reconoce a Cepeda como su contendor, siempre menciona a Petro y los errores que ha cometido. Hoy la derecha y la izquierda parecen vivir del pasado, el primero para recordar que el proyecto progresista no estuvo interesado en generar crecimiento y bienestar. El segundo, porque no constituyó nunca un modelo de país, llegó a este punto de la historia oponiéndose a un sistema económico y político que consideró una injusticia, sin proponer en la marcha, sin avanzar y sin entender que la economía pesa, a veces más que lo social.
Vendrán cuatro años para ser oposición, con el privilegio de ser la bancada más grande de la historia, pero con la responsabilidad de construir una idea de país que congregue a todos los sectores. Mientras la rueda de la historia seguirá avanzando para recordarle a Petro y Cepeda que desaprovecharon el capital político más grande que ha tenido la izquierda.
Allende de las izquierdas románticas, hoy soplan vientos de movimientos que consideran que la productividad es un eje central de gobiernos progresistas que quieren mejorar la vida de sus ciudadanos. Para explorar esto, recomiendo el texto Degrowth Communism de Kohei Saito, quien ha entendido con suficiencia lo que se requiere para evolucionar y sostener conquistas sociales, mientras que no se descuidan los elementos materiales y económicos de la población.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/daniel-david-mendez/