La persona que me gustaría ser

Es difícil valorar el presente tanto como se idealiza el futuro, pero tal vez nunca había existido una generación en el mundo que le diera tanta importancia al ahora como la mía.
No apto para señoritas: «Y, es que para usted qué es feminismo?

Que las mujeres estemos en las universidades, estudiando o siendo docentes, es más que un logro de las luchas feministas: que podamos usar la palabra para expresar nuestros desacuerdos sin la obligación de disimular.
Río y tierra de hipos

Estar aquí es una mezcla de extrañas emociones: el asombro que genera la inmensidad y abundancia de la naturaleza, pero también la del miedo y agobio al recordar la temible crueldad de los seres humanos y el daño que el narcotráfico ha causado en nuestro país.
Querido Fede

Este es un espacio dedicado a Fede, que casualmente tiene síndrome de down, y que al ser mi primo (y mi segundo hermano) ha cambiado mi vida: sentir a dios es, también, la posibilidad diaria de entregarme a él.
De gritos, misiles y resistencia (parte uno)

Miedo. Eso siento aquí. Una emoción que anula, que nubla los sentidos. Duele la cabeza, el aire no entra a mis pulmones. Inhalo miedo, no respiro. Las voces me rebotan, las páginas no se leen, la música me hostiga.
Candidatos pobres

No hay nada nuevo bajo el sol, los candidatos colombianos despliegan el realismo mágico a la hora de contar historias de superación de la pobreza y pocos se salvan de posar de “venir de abajo”.
Vivir al contrario

Así comenzó mi camino como rebelde, en el que aún me encuentro, con mis contradicciones, buscando cada día cómo transformarme en el camino que he elegido.
Miente que algo queda

Aunque claro, la desinformación no necesita ya de los medios para correr por ahí, aunque aún hay quienes están prestos a abrirles los micrófonos y prenderles la cámara a los desinformadores.
También necesitamos a los optimistas

Tenemos una extraordinaria capacidad de pasar rápidamente de la gloria al fracaso, un maniqueísmo esquizofrénico incapaz de matices y puntos medios. Nos hace falta una proporción entre la absoluta desesperanza y el optimismo cínico.
¿De la ciudad al campo?

No podemos seguir con modelos de producción envejecidos y anticuados, donde los derechos humanos son un término desconocido —por no decir ignorados—, los pagos justos una utopía y la formación y especialización en agro un esfuerzo mínimo con bajísimos estándares educativos.