Hoy vemos a Uribe defender entre líneas a Petro. En cada salida a medios, Álvaro Uribe, sin mencionar directamente a Gustavo Petro, hace referencia a la no persecución. Pone como argumento su propio caso y menciona que la condena de su hermano, Santiago Uribe, por paramilitarismo se debió a una persecución política y que, por ello, esa práctica debe erradicarse de la política colombiana. En un derroche de realpolitik y con el pragmatismo propio de estos escenarios, Uribe, quien fue el enemigo político de Petro, hoy juega como su principal carta de defensa.
La bancada del Centro Democrático en el Congreso de la República, sin pensarlo y de manera mojigata, se convirtió en una garantía de moderación y no persecución para Gustavo Petro y los suyos. Todo esto frente a un escenario en donde uno de los primeros milagros que parece prometer la patria milagro de Abelardo de la Espriella es extinguir al petrismo y a todo lo que se incline hacia la izquierda.
Uribe ha enviado sus primeros mensajes a Abelardo a través de la bancada del Centro Democrático. El primero de ellos fue la elección del presidente del Senado, en donde, con el respaldo inesperado del Pacto Histórico, el Centro Democrático y sus aliados lograron elegir a Honorio Henríquez para esa dignidad y derrotar al candidato del Gobierno. El segundo mensaje llegó en forma de contralor. Ante una derrota inminente, el Gobierno, a través del ministro del Interior, Rodrigo Lara, decidió apartarse de esa discusión. Lo que se sabe es que esa elección surgió de un primer acuerdo entre el Centro Democrático y el Partido Liberal, al que luego se sumaron otras fuerzas. El Pacto Histórico, por su parte, parece haber leído el escenario bajo una lógica de supervivencia: preferir un poder compartido en la derecha entre Uribe y Abelardo, antes que un poder absoluto del nuevo presidente.
Con el pasar de los días se ve con mayor claridad que el enemigo más grande en política está en el mismo bando y no necesariamente en la oposición. En este caso, ha sido evidente que, si bien hoy gobierna la derecha en Colombia, esa derecha tiene dos principales vertientes: el Uribe de antaño, quien tiene mayorías en el Congreso, y la nueva vertiente que ganó la Presidencia, encabezada por Abelardo de la Espriella y respaldada por el movimiento Salvación Nacional.
En esa puja y en esa división que cada día se hará más notoria, Gustavo Petro encuentra una garantía: Uribe necesita al Pacto Histórico para hacer mayorías en el Congreso y conservar poder; entre tanto, la izquierda colombiana necesita a Uribe para mermar el poder de Abelardo. En términos de estrategia, opera algo como “divide y reinarás” y, a su vez, “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.
La política siempre encuentra la manera de desafiar la realidad. Y, en un giro inesperado que ningún guionista hubiese imaginado, Álvaro Uribe hoy termina operando como garantía indirecta para Gustavo Petro. De fondo puede estar una solidaridad tácita entre expresidentes, la ambición, la resistencia a soltar el poder o simplemente la política real que se juega a espaldas de la ciudadanía. En todo caso, la democracia hoy habla y nos muestra que, en el juego del poder, todo puede ser posible.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/ramon-de-los-rios/