¿Vemos todo el iceberg?

¿Usted está seguro de que ve todo el panorama completo? Somos fáciles de engañar, queramos o no, somos más predecibles de lo que parecemos. Las industrias nos han demostrado que, estudiándonos bien con datos, logran saber qué decisiones tomaremos en el futuro; sólo para algunos ejemplos, las industrias de moda, entretenimiento y servicios no sólo saben qué necesitamos, sino que también saben qué queremos y, en muchos casos, nos crean ellos mismos la necesidad.

Podemos creer que estamos en control, pero ¿y si tal vez no? Y si tal vez nos muestran algo que saben que queremos escuchar, ¿y si tal vez sólo nos ocultan una parte de la verdad? Tal vez no una mentira, pero sí una verdad a medias.

La economía se rige por señales e indicadores, tal vez no podemos predecir a ciencia cierta (como en las ciencias exactas) qué sucederá; pero los años de estudio que tiene de por medio y las mismas crisis nos han dado herramientas para aprender a interpretar las señales. Es una ciencia que sí o sí debe aprender de los errores del pasado.

Pero pareciera que muchas veces no vemos más allá. Colombia está en una situación económica que pareciera estar bien: dólar bajando, tasa de desempleo en las cifras más bajas de la historia, un salario mínimo con los mayores aumentos en años, y una política del cambio que aparentemente nos lleva por buen camino.

Pero… ¿estamos bien? Una cosa puede ser estar bien y otra muy distinta aparentar estarlo. Muchos tal vez somos expertos en aparentar, fingir que no nos pasa nada, que tenemos los ingresos que nuestros gastos muestran, fingir que tenemos todo bajo control y que sabemos muy bien por qué hacemos las cosas que hacemos.

Sin embargo, sin ser alarmista, creo que nos falta un pedazo de la historia. Por lo menos en economía, no vemos el eslabón más frágil, el que nos recuerda que hay que pagar. Así como la tarjeta de crédito, que no es una extensión del ingreso, la deuda del país para cubrir gastos no son ingresos extras: es deuda.

Los inversionistas lo saben, son expertos en leer señales para ganar dinero, y lo hacen bien. Por eso, una señal que pasamos por alto y que nos habla mucho del riesgo del país y de su verdadero estado, es justo esa: la inversión.

La inversión está directamente relacionada con nuestros ingresos. Ahorro e inversión bien pensados deberían maximizar lo que ganamos en el futuro, no sólo por trabajo, sino también por las ganancias del pasado. Lo mismo pasa en el país: inversión a futuro en industria, educación y producción sostenida debería generarnos más ingresos que el presente. El problema: nuestra inversión cae cada vez más.

Y no es una caída pequeña, ni reciente. La inversión extranjera directa —esa que llega para construir, producir, contratar, generar empleo de largo plazo— ha bajado más de un 33% desde 2022. En cifras simples: pasamos de recibir cerca de US$17.000 millones a poco más de US$11.000 millones en 2025. Casi US$6.000 millones que se fueron a otros destinos, a otros países que ofrecieron lo que el nuestro, hoy, no logra ofrecer: confianza.

Y aquí viene la otra señal, la que las calificadoras de riesgo nos vienen gritando hace rato. En abril de este año, S&P bajó la calificación de Colombia a BB-, la más baja desde 1993. No la tuvimos así en la crisis asiática del 98, ni en la del 2008, ni siquiera en la pandemia. Hoy estamos en el mismo escalón de Turquía, Honduras y Mongolia. Suena lejano, ¿no? Pero no lo es. Significa que el mundo nos ve distinto, que prestarnos plata es más riesgoso, y que cada peso que el país sale a buscar afuera lo paga más caro que el año pasado.

Tal vez aquí está el iceberg del que pocos quieren hablar. Arriba, en la superficie, brillan las buenas noticias: el dólar se calma, el desempleo baja, el salario mínimo sube. Y todo eso es cierto, no se trata de negarlo, ni de minimizarlo. Pero abajo, en lo que no se ve desde la cubierta, la base se está erosionando. Un déficit fiscal proyectado en 5,6% del PIB para este año, una regla fiscal suspendida, una deuda que no para de crecer, y una inversión productiva que se va. Tal vez no nos estamos hundiendo hoy, pero el barco está más liviano de lo que parece, y el agua que se cuela no la ve quien sólo mira el horizonte.

Y hay un detalle más, uno que me preocupa especialmente. Mientras la inversión productiva cae, la inversión de portafolio, esa que entra y sale en cuestión de días, comprando bonos del gobierno; creció de forma masiva en 2025. ¿Eso es bueno? En el papel sí. Pero esa plata no construye carreteras, no monta fábricas, no contrata jóvenes en regiones. Es plata que viene a aprovecharse de las tasas altas y se va apenas el viento sople distinto. Es como confundir un préstamo con un sueldo: por un rato parece que todo está bien, hasta que toca pagar.

Volvamos al inicio. ¿Está usted seguro de que ve el panorama completo? ¿O nos estamos quedando con la parte que nos gusta, con la que duele menos, con la que el discurso oficial repite? Porque la economía, como las personas, también puede aparentar. Y aparentar tiene fecha de vencimiento. Las señales están ahí, los inversionistas las leen, las calificadoras las gritan, los datos las confirman. La pregunta ya no es si tocará pagar, la pregunta es cuándo, y cuánto; y lo más importante, ¿está su candidato pensando en esto?, lo más probable es que si, pero es posible que no se lo diga, esto no consigue votos.

Ojalá no sea tarde para cuidar la base. Porque un iceberg, cuando se quiebra, no avisa. Y a diferencia de la tarjeta de crédito, un país no puede pedir un cupo más, ni refinanciar a 36 cuotas, cuando el agua ya le está entrando por los lados, el problema no se va con algunas llamadas; por eso, no se deje engañar, cuestione, revise y, ¿por qué no?, denuncie, pero en este caso con su voto.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/carolina-arrieta/

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