Aparece, en primer plano, un niño con la camiseta de la selección Colombia y con peinado de futbolista. Emocionado corea “no importa, no importa” y expresa que, pese a la eliminación, aún queda por qué ilusionarse: Haaland.
La estrella de este mundial tiene a medio mundo boquiabierto. Además de sus fortalezas técnicas, de sus capacidades goleadoras y de su contextura que mezcla fuerza con agilidad, sobresale una personalidad amable con tintes de buen humor y serenidad. Por lo menos, en lo que muestran las redes sociales.
Se menciona que es un joven disciplinado, que conoce su cuerpo y domina su mente. Esa capacidad individual la seguiremos ponderando, pero el talento no explica todo. Ahora, ¿qué más tiene Haaland que lo diferencia tanto? Goza de un piso institucional robusto que le da soporte y alas.
En Noruega la socialdemocracia funciona. Esto permite la coexistencia entre el Estado de bienestar, la economía capitalista y los valores de equidad social. Lo que implica, por mencionar solo lo evidente, educación pública de calidad; bajos niveles de desempleo, de desigualdad y de corrupción; redistribución de ingresos y alto compromiso con el ambiente. Claro, no es el paraíso, pero sí ha demostrado que la democracia no es ideal, sino una realidad que funciona.
Mientras tanto, en Colombia nos seguimos asustando con fantasmas. Taliana Vargas, con la agenda mediática que tiene, salió diciendo que hay que evitar que Colombia caiga en el comunismo. ¿Qué entenderá ella por “comunismo”? ¿Sospechará siquiera que es distinto a la socialdemocracia?
Ya lo dijo Chimamanda Ngozi: el problema no es que el estereotipo sea malo o bueno, sino que es incompleto. Y es, precisamente, en esos vacíos donde se fecunda el miedo.
Ni Haaland ni Noruega son perfectos; ni Taliana es inconsciente, ni Colombia es solo violencia. Pero, si desde aquí miramos cómo funcionan otros contextos tal vez podríamos aprender más de realidades que funcionan que acabarnos a punta de narrativas fantasmagóricas.
Tal vez Haaland pueda ser, para nosotros, el recordatorio de que, en los próximos cuatro años, hasta el próximo mundial, todos debemos cuidar las instituciones para que los productores de fantasmas no las acaben a punta de clientelismo y corrupción. Ojalá en este periodo todos coreemos que sí importa, sí importa…
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