Presupuesto abultado, ¿horizonte perdido?

Ahora, cuando la aguja de la historia de Medellín está en su capítulo de efervescencia, la ciudad no puede darse el lujo de olvidar la fórmula que la llevó a transformarse.

Es cierto que Medellín triplicó su presupuesto en la última década; pero también lo es que, en medio de semejante caudal de recursos, el horizonte —el para qué de todo esto— parece haberse desdibujado.

Piensen en la ciudad como en un hogar. No es suficiente con un padre (o madre) ‘chequera’. A ese lugar que habitamos, que es el lugar de encuentro, de intercambio de ideas, no le es suficiente una derrama económica. El valor de lo público, encarnado en este caso en la Alcaldía, está en darle sentido a cada decisión, en ordenar las prioridades, en recordar por qué se hace lo que se hace.

Los años de la transformación más profunda de Medellín estuvieron marcados por una frase que trascendió el marketing político y se volvió, por unos años, filosofía de ciudad: ‘lo mejor para los más humildes’.

Esa frase, que para algunas personas es retórica, marcaba un horizonte. Eso significó hacer las obras de infraestructura más poderosas en las zonas menos favorecidas, planear las inversiones en clave del Índice de Desarrollo Humano y priorizar el presupuesto con sentido de equidad.

Hoy, cuando estamos viendo crecer de semejante manera el presupuesto Distrital, acudimos a la del papá que, cuando le llega un dinerito extra, corre a comprar el equipo de sonido más estruendoso para la casa, sin importar que en el techo aún haya goteras.

Por ejemplo, se anunció recientemente una inversión de 750 mil millones de pesos en la remodelación del Estadio Atanasio Girardot. Ese monto es el equivalente al 50% del presupuesto con el que dispone en un año una ciudad como Santa Marta. No se puede confundir espectáculo con prioridad.

Si Medellín quiere pensar en el largo plazo, no será suficiente con hacer muchas obras, ni hacer las más bonitas y extravagantes con el presupuesto público. Las oficinas de Valorización o de la Agencia APP no pueden quedar de adorno.

El éxito de esta misma ciudad no estuvo en inventarse las bibliotecas o las escaleras eléctricas; el verdadero valor estuvo en saber dónde hacerlas y en tener claro que cada obra debía mover la aguja del desarrollo y no la del protagonismo político.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/daniel-palacio-2/

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