Nos basta imaginarlo…

La frase la dice Harmony Cobel, el personaje interpretado por Patricia Arquette en la serie Severance. Es algo así como: «Hay dos noticias sobre el infierno. La buena es que es solo el fruto de la macabra imaginación del ser humano. La mala es que al ser humano le basta imaginarlo para hacerlo realidad». ¡Y vaya que somos buenos imaginando la maldad!

Aún no cesan los bombardeos y disparos en la Franja de Gaza. Aún mueren allí, entre la hambruna y el frío de un invierno al que aún le queda tiempo para irse, niños, jóvenes, adultos y ancianos. Aún sigue el Estado de Israel, pese a la firma del cese al fuego el pasado octubre, avanzando sobre la tierra arrasada por ellos mismos y tomándose por la fuerza aquello que no le corresponde. 

Pero ya hay inversores dispuestos a convertir aquel reguero de cadáveres y dolor en un sitio paradisiaco. Nos mostraron cómo se vería: hay rascacielos en la playa y edificios con terrazas arborizadas (¿serán olivos esos árboles?) y un puerto futurista y unas autopistas envidables… New Gaza, la llaman. Ah, qué clase de maldición nos cabe como humanidad si dejamos que se haga realidad ese modelo de ciudad levantada sobre las osamentas de miles, sobre un pueblo exterminado. No sería la primera vez, en todo caso. La historia, lo he escrito aquí en otras ocasiones, es espiral que nunca acaba.

Nos basta imaginarlo… 

Nos sobra gente que no es de aquí, habrá dicho alguien con poder que rebosa xenofobia y entonces ocurren cosas como esta: 

Se llama Liam Conejo Ramos. Viste una chaqueta a cuadros, un gorro para la nieve, pues hace frío en Minneapolis. Lleva un morral del hombre araña colgado en la espalda. Tiene cinco años y lo han detenido los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, esa especie de Gestapo como la llamó el escritor Stephen King, que anda desatada por el país del norte con el respaldo de su presidente, Donald Trump. 

Viendo a Liam recordé a Aylan Kurdi, aquel otro niño vestido de rojo que parecía dormir en la playa, pero que era el cadáver de un infante de tres años ahogado en el mar Mediterráneo. Toda tragedia de la humanidad tiene el rostro de un infante, ha de ser la prueba fehaciente de un futuro que destruimos. 

Nos basta con imaginarlo…

Siete de cada diez personas rechazan a quienes son diferentes. Lo dice el Edelman Trust Barometer 2026. Una de las conclusiones del estudio es que preferimos lo que llaman ellos un ecosistema cerrado de confianza. El mundo es solo como queremos verlo, limitado y estrecho según los conocimientos y prejuicios de cada cual y donde solo se reconocen las opiniones que se nos parecen y una que otra referencia cultural compartida. Tú, a metros de mí. Terreno fértil para los nacionalismos que andan de plácemes floreciendo aquí y allá.

Nos basta con imaginarlo… 

Justo en este momento resuena en mi cabeza el estribillo de una canción famosa, tal vez como una especie de conjuro que, ahora mismo, se me antoja poco poderoso, pero lo repito, lo tarareo, lo canto, lo dejo por escrito: «Imagine all the people / Living life in peace / You may say I’m a dreamer / But I’m not the only one / I hope someday you’ll join us / And the world will be as one».

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/

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