Me asustaba el escenario de segunda vuelta con Abelardo, pues veía complicado que pudiera sumar sectores más allá de la derecha y que el centro terminara inclinando la balanza a favor de Cepeda. Pensar eso no era descabellado, lo indicaban distintas firmas encuestadoras, y fue lo que pasó hace 4 años: el apoyo del centro a Petro en las pasadas elecciones fue determinante, pues ganó, tan solo, por 600.000 votos de diferencia.
En ese sentido, jamás me pareció descabellada o “traidora” la apuesta del Centro Democrático por buscar al centro, sobre el papel era la acción más lógica. Pero creo que no tuvieron en cuenta lo mezquino que puede llegar a ser el centro: cada declaración de Oviedo hundía a Paloma; el desprecio con el que Fajardo se tomó el tinto con ella; o la persistencia hasta el final en candidaturas inviables como la de Claudia López hicieron imposible construir con ellos una alternativa.
Es que todo está mal desde el punto de partida: tener que rogarle al centro, de rodillas y sobre dos corozos, que nos ayude a salvar a Colombia del cambio de constitución, de chavistas confesos, de alianzas evidentes con criminales, de la irresponsabilidad fiscal y de la corrupción del Estado. Triste, porque esta apuesta dejó mal parada a Paloma Valencia, una mujer brillante e íntegra que merecía más, que en cada debate y entrevista demostró un conocimiento profundo del país, y que ha defendido con coherencia durante más de una década los pensamientos de la derecha en el congreso.
Mientras tanto, Abelardo persistió en su mensaje y logró algo que parecía imposible: conectar con una base popular tan grande que hace del centro algo prescindible, y que incluso le disputa a Cepeda la hegemonía en las clases populares. Es una coincidencia entre las encuestadoras, con sus variopintos sesgos, y también es consistente con lo que se mide en redes sociales o en búsquedas de Google.
No me pareció mal que la derecha tuviera dos candidatos, afines como somos al capitalismo, llevamos dos productos a competir en el mercado, y es clara la preferencia del público. Contra eso no se pelea, para salvar a Colombia hay que ponerle la raya al tigre.
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