No entiendo la contradicción: el miedo al candidato que habla de trabajar por reducir la desigualdad social versus el apoyo al candidato (o candidatos) que evidentemente quiere cuidar los intereses de los más ricos.
Esa defensa férrea y obtusa de quienes están preocupados por los de su estirpe, cuando hay datos así: 1 de cada 3 colombianos vive en la pobreza, 32 de cada 100 son pobres, 12 viven en pobreza extrema, 31 son vulnerables a caer en la pobreza, 34 son de clase media y solo 3 son de clase alta (cifras del Dane, recogidas por BBC News).
La mayoría estamos de la clase media para abajo.
Las declaraciones de la esposa de De la Espriella son una muestra del botón: “Si perdemos no pasa nada porque ya tenemos una vida resuelta, vivimos maravilloso, trabajamos juntos, nuestros hijos, estamos en otro país. Si queremos vamos a Colombia, si no, no”. Ya por ahí lo había dicho el mismo Tigre alguna vez, que su familia está primero. “No voy a sacrificar a mi familia por este país de desagradecidos, desleales y cafres”.
Es decir, lo de la firmeza por la patria es relativo.
¿Por qué si a alguien este país le parece que está lleno de desagradecidos, desleales y cafres, quiere ser presidente de Colombia?
¿Y el pueblo qué? ¿Qué es entonces lo que cabe en su concepto de patria? ¿Quiénes?
Ahí es donde muchos se dejan confundir. De ahí que hayan vuelto tan importante al miedo: la tía que llama temblando que porque si gana Cepeda le van a quitar la pensión. ¿Quién le dijo eso, tía? Es lo que se mueve en las cadenas de chat y lo de que fue reenviado muchas veces está tan chiquito que la presbicia no lo deja ver.
El miedo de siempre, que busca hacernos votar por el menos preparado, la opción que se sacaron debajo del brazo, que es el que más grita, más payasadas hace, el más TikTokero y, además, el que más plata tiene para aparecer hasta en la sopa.
Cuando hay tanto en riesgo: que no todos cabemos en ese proyecto de país.
Hay cosas a las que no les prestamos suficiente atención. Con el Tigre, por ejemplo: que no se nos olvide lo de destripar a la izquierda radical o lo de mostrarle el pene a una periodista (que diga que ha conquistado a las mujeres por sus atributos) o lo de la crueldad con los gatos, solo para empezar, porque la lista es larga (en investigaciones y conexiones y presuntos).
Y la cosa es que preferimos conformarnos con promesas gritonas, pero necesitamos más.
Este país necesita gobernantes preparados, con conocimiento e interés en el país, con propuestas que no excluyan, que se ocupen de los grandes problemas y no tanto de lo que necesitan unos pocos. Para no ir muy lejos, la paz es fundamental, pero a esa le pedimos más que a la guerra. A la guerra le perdonamos todo, la cubrimos con silencio.
Así que hoy que vaya a votar, vote sin miedo. Que no sea contra alguien, sino porque con convicción cree, porque hay argumentos, que esa persona es la correcta para Colombia.
Que no nos convenzan con frasecitas lindas o gritos o amenazas o videos hechos con inteligencia artificial. Para gobernar se necesita mucho más. Porque muy bueno por aquellos que tienen resuelta la vida y pueden decidir ir o no a Colombia, preocuparse o no por Colombia. Pero eso es de muy pocos. La firmeza no puede empezar por ahí.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/