Garzón no era propaganda

Lo que Jaime Garzón representa es la rebelión frente al poder, la incomodidad frente a quien controla los hilos del Estado y del Gobierno. Lo que representa Garzón es una desconfianza sana frente a quien tiene el control de los recursos públicos. Garzón no fue, ni será, propaganda estatal. Eso negaría su legado y sería profundamente incoherente.

Sin embargo, lo que se está haciendo hoy con su nombre contradice buena parte de lo que representaba. Me enteré por medio de redes sociales de la existencia de unos premios llamados “Jaime Garzón”, en los que el Gobierno actual, por intermedio del Ministerio de las TIC, resalta y exalta el trabajo de medios alternativos, comunitarios y digitales, en un encuentro que este año celebra su tercera edición.

El evento se desarrolló en Cartagena el 11 de junio de 2026 y, según lo dicho en el propio escenario, allí se invirtieron recursos públicos. La hermana de Jaime Garzón dijo textualmente, dirigiéndose a los invitados: “de nuestros impuestos los están invitando a esos hoteles tan bonitos y elegantes, nos pagaron los pasajes, nos pagaron la alimentación”. Luego agregó: “aquí no vinimos a perder el tiempo, vinimos a replicar. ¿Qué nos exigen a cada uno de los que estamos acá sentados? Coherencia”.

Esa apelación a la coherencia, en ese contexto, resulta cuando menos problemática. Porque, en un evento financiado con recursos públicos y rodeado de voces cercanas al Gobierno, la coherencia puede dejar de sonar como una invitación al pensamiento crítico y empezar a parecerse a un llamado a replicar una narrativa política.

Los premios se desarrollaron con normalidad. Entre las premiadas estuvo Maca, @macafolla, quien no hace más de un mes publicó en sus redes una entrevista al presidente Petro en un tono ampliamente favorable, sin preguntas especialmente incómodas o críticas. También se premió a Huny Najar, @unicornia_najar, quien en su discurso de aceptación dijo: “qué bonito el trabajo que los medios comunitarios hacen, que hacen con datos, que hacen con la verdad (…) hacia todas las otras personas que quizás a veces tachamos de fachos, pero a veces solamente, no sé, son víctimas como de la ignorancia”.

La frase revela justamente uno de los problemas de este ecosistema: se habla de verdad y pluralidad, pero al contradictor se le mira desde una superioridad moral que lo reduce a facho o ignorante. Y cuando eso ocurre en un escenario con recursos públicos y bajo el nombre de Jaime Garzón, la pregunta es inevitable: ¿se estaba premiando el pensamiento crítico o se estaba validando una forma de militancia comunicacional?

Los artistas musicales invitados también refuerzan esa inquietud. Estuvieron Edson Velandia, conocido por la canción “Que rime y que se pueda”, convertida en una suerte de jingle para la campaña de Iván Cepeda; Dr. Krápula; y Diana Ángel, hoy también activa en redes defendiendo al Gobierno. El punto no es que un artista no pueda tener posición política. Claro que puede. El problema aparece cuando un evento con recursos públicos, presentado como reconocimiento al periodismo crítico y alternativo, termina rodeado de símbolos, voces y expresiones culturales asociadas a un mismo sector político.

Uno de los invitados a entregar un premio llamado “Yo creo en la vida”, frase similar a la usada en la campaña de Iván Cepeda, fue el argentino Nacho Levy, @nacholevy80, quien en un juego de palabras repitió varias veces “iban a hacer historia”, que termina sonando como “Iván a hacer historia”, en una alusión clara a la campaña presidencial.

Sería importante saber si entre los invitados y premiados hubo voces críticas del Gobierno actual, o si el evento terminó reuniendo casi exclusivamente a comunicadores afines a su narrativa. Esa pregunta no es menor. Porque si el Estado convoca, financia, transporta, alimenta, aloja y premia a voces que mayoritariamente coinciden con el Gobierno, entonces el debate deja de ser cultural o comunicativo y entra en el terreno delicado del uso de recursos públicos para alinear influencias digitales.

Quiero dejar claro que mi réplica o mi disgusto no es frente a los medios comunitarios ni frente a los medios alternativos. En democracias donde los poderes concentran la comunicación, el Estado y las narrativas, el escenario alternativo puede ser una respuesta necesaria ante la opresión. Ha dado voz a muchas personas silenciadas y ha permitido contar historias que los grandes medios no siempre miran.

Mi reclamo es frente a un Gobierno que parece estar haciendo propaganda con recursos públicos, tal vez instrumentalizando a medios y voces que durante años no se sintieron escuchadas por el Estado. Mi reparo también es frente a esos influencers que se ubican en un pedestal moral y reciben un premio con el nombre de Jaime Garzón sin advertir que pueden estar siendo usados por el poder de turno. Una cosa es tener posición política. Otra muy distinta es hacer proselitismo desde un escenario financiado con recursos públicos.

Las posiciones políticas son necesarias. Todos las tenemos. Pero una posición política no puede estar condicionada por la invitación de un Gobierno a Cartagena con hotel, pasajes y alimentación pagos. Así como se le exige transparencia y muchos se rasgan las vestiduras por la notoria parcialidad de medios como Semana, también es justo abrir el debate sobre la imparcialidad, el uso de recursos públicos para alinear voces influyentes en redes sociales y la posible retribución económica a artistas o comunicadores afines al poder.

Garzón no fue incómodo porque hablara desde lo alternativo; fue incómodo porque no le rendía pleitesía al poder. Por eso, usar su nombre para premiar voces cómodas con el Gobierno no honra su legado. Lo contradice.

Si alguien considera exagerada esta lectura, lo invito a ver la transmisión completa publicada por Canal Trece en Youtube. Las frases, los discursos y el tono general del evento están ahí. Justamente por eso la discusión no debería cerrarse, sino abrirse.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/ramon-de-los-rios/

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