Es como estar en un loop escuchando a Shakira: se me acaba el argumento, y la metodología.
Paloma Valencia, en debate en el Congreso, le dijo, con el tono al máximo, a Iván Cepeda: No me vaya a mandar a matar.
Otra vez hay que recordar lo peligrosas que son esas palabras en un país con la historia de persecución política que tiene Colombia. Es un señalamiento riesgoso y prejuicioso: como si por ser de izquierda se fuera criminal.
El papá de Cepeda sí fue asesinado. Fue uno de los congresistas de la Unión Patriótica, de esas 5.733 personas que fueron asesinadas en ataques contra este partido político entre 1984 y 2016, según la cifra de la JEP. Que no se nos olvide —porque hay quienes intentan negarlo, como María Fernanda Cabal— que en 2022 la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró culpable al Estado colombiano por el genocidio cometido contra los militantes de la UP.
Leer columna de Mario: Sí se lo digo, señora precandidata
Es decir, senadora Paloma, que en Colombia sí mandan matar, y por eso es irresponsable usar un comentario, como si nada, por figurar. Es un buen ejemplo de cómo prender el fuego y ganar adeptos desde la rabia y el vacío, y no desde los argumentos.
Justamente lo de argumentar también es importante. Lo que estamos viviendo en esta campaña es la falta de ideas y de propuestas y de preparación. Ahora compiten por ser el más payaso, el que más pendejadas suelte, el que hable más fuerte —aunque no diga nada—, el más justiciero, el más agitador, el más ruidoso, el más indignado. El que amenace más.
Pero no estamos eligiendo al director de un circo ni al influencer de redes sociales, sino al gobernante de un país, con todas las responsabilidades que tiene.
Y aunque algunos de esos candidatos de estrategias de redes sociales no suman ni el margen de error de las encuestas —como le respondió Cepeda a Paloma Valencia tras sus palabras—, hay otros, como el tigre, que sí van sumando, pese a la lista de red flags, porque la estrategia es cualquier cosa contra Petro.
Vi un video el otro día de un precandidato del que olvidé su nombre —es que son tantos— que decía que él quiere ser presidente, pero que si tuviese que sumarse al tigre porque tiene más opciones, pues él se hacía a un lado, todo sea porque la izquierda comunista —otra vez términos imprecisos— no llegue. La cosa no es por méritos ni capacidades.
Ahí es donde todavía estamos a tiempo: no se trata de elegir a cualquiera. Busquemos propuestas, buenos argumentos, ideas que construyan.
El cargo de presidente requiere criterio, conocimiento, preparación, experiencia, gobernabilidad, cordura, humildad —es que no sos un héroe salvador de la patria—, honestidad —porque la corrupción nos ahoga. Incluso, en estos tiempos, capacidad de no responder a las provocaciones y engancharse en peleas que solo incendian más. Necesitamos seriedad, no espectáculo. Qué cosa tan obvia decirlo, pero un adulto responsable y capacitado. Una persona que entienda que gobernar es dejar el ego a un lado, porque está ahí para pensar en crear un país mejor para sus compatriotas. Está luchando, no solo, sino en equipo, por el bien social. Y esta es apenas el inicio de la lista de atributos, pero es que la hoja de vida de un gobernante debe ser tan robusta como el cargo.
No nos dejemos confundir con las monerías en redes sociales que buscan nuestras emociones o que nos sintamos menos aburridos. Para eso están los gatos. Un presidente no tiene que hacernos reír, su función es gobernar.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/