El orgullo por Medellín

De acuerdo con la Encuesta de Percepción Ciudadana “Medellín Cómo Vamos”, 7 de cada 10 ciudadanos se sienten orgullosos de la ciudad. El dato se corresponde con lo presentado en la Encuesta de Cultura Ciudadana de Medellín en la última década. El orgullo por la ciudad es un rasgo identitario de la ciudadanía paisa. Sus habitantes sienten amor y satisfacción por la ciudad en la que viven.

Ese orgullo tiene dos caras, dos lados. Uno que puede derivar en un regionalismo nocivo para la convivencia en la diversidad, para el relacionamiento con la multiculturalidad que nos define como ciudad. Otro que posibilita el civismo, la confianza y el buen vivir, una especie de autoestima colectiva necesaria para los proyectos de sociedad. Hablemos del segundo, del lado luminoso del orgullo por Medellín.

El orgullo es un posibilitador: facilita que ocurran aquellas cosas socialmente deseables. De la misma manera que la confianza es el lubricante que hace que las relaciones entre ciudadanos e instituciones fluyan de mejor manera, el orgullo por la ciudad es el ingrediente central del civismo y la cultura ciudadana. Cuestiones como el respeto por las normas y los acuerdos son más probables en ciudades donde sus ciudadanos sienten orgullo por el lugar que habitan. El cuidado y el orgullo están relacionados. Entre más orgullo haya, es más probable que aparezcan actitudes de cuidado.

Además, la autoestima colectiva es necesaria para la cohesión social, para evitar la división ciudadana en bandos enfrentados. La Francia de la posguerra es un ejemplo clásico de cómo construir un relato colectivo unificador. André Malraux, el ministro de Cultura en el gobierno de Charles de Gaulle, recibió un país golpeado en su orgullo luego de la rápida toma nazi de París. La vergüenza social se apoderó de los franceses durante el régimen de Vichy. Además, el país estaba profundamente dividido entre la derecha gaullista y los comunistas, muchos de ellos partisanos durante la ocupación alemana.

La estrategia de Malraux para recuperar el orgullo francés fue utilizar el patrimonio y la cultura como relatos que superaran la vergüenza y las divisiones. Los franceses no eran aquellos ocupados y derrotados en Argelia. Eran los inventores de la civilización moderna, de los principios del Estado. Eran los compatriotas de Molière, Voltaire, Rousseau y Diderot.

Medellín tiene una historia con algunos puntos de encuentro con las circunstancias francesas. Acá el arte y la cultura también fueron fundamentales para superar periodos de vergüenza y desesperanza. Nuestra posguerra fue, guardando las proporciones, la época que sobrevino al cartel de Medellín. También, de manera reciente, políticos oportunistas —sin más ideología que el poder y el dinero— utilizaron las profundas desigualdades de Medellín para acrecentar las tensiones y divisiones entre la ciudad del norte y la del sur.

El relato sobre el orgullo por la ciudad es tan necesario en Medellín como lo fue, en su momento, en el París de De Gaulle. Lo es en general para todas las ciudades que aspiran a la cohesión social y el civismo. Una de las condiciones para que podamos vivir bien juntos, para que tengamos una sociedad más o menos ordenada, es que, en general, todos los que vivimos en la capital de los guayacanes amarillos podamos decir, en mayor o menor medida: ¡Qué orgullo Medellín!

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/

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