El nuevo bipartidismo en Colombia

Colombia está aprendiendo a habitar el bipartidismo sin llamarlo aún por su nombre. Los resultados del 8 de marzo de 2026 no sólo consolidaron dos polos —el Centro Democrático (@CeDemocratico) y el Pacto Histórico (@PactoCol)—, sino que reordenaron la política en general y la competencia electoral en particular. En apariencia, vivimos en un sistema político plural; en la práctica, empezamos a operar dentro de una lógica binaria.

Pero esto no significa un retorno al viejo bipartidismo colombiano entre liberales (@PartidoLiberal) y conservadores (@soyconservador) en los siglos XIX y XX, cuando era orgánico, adscrito a los territorios, y la pertenencia a éstos era un asunto identitario. El nuevo bipartidismo es distinto, funciona por agregación de audiencias “líquidas” como diría Zygmunt Bauman, por captura de narrativas efímeras y por la simplificación estratégica del conflicto político.

La fragmentación de partidos después de la Constitución de 1991 está siendo absorbida. Esto que vemos hoy, con los resultados de las elecciones legislativas y los pronósticos de las presidenciales que se avecinan, no es la derrota de la pluralidad, sino su domesticación por parte de dos grandes fuerzas políticas dominantes, la que representa Iván Cepeda (@IvanCepedaCast) en el Pacto Histórico y Paloma Valencia (@PalomaValenciaL) en el Centro Democrático. Las múltiples voces sobreviven en la esfera pública (recordemos que la mayor parte de la población se reconoce de “centro”), pero en el plano electoral están subordinadas a dos grandes marcos interpretativos.

Y ahí emerge la paradoja del centro liberal. No es que desaparezca de la cultura política democrática; es que se vuelve incapaz de alcanzar el poder. En un espacio público donde se premia la claridad de las posiciones políticas en medio del conflicto, la moderación se percibe como ambigüedad. Esto implica una erosión silenciosa de la libertad de elección, que se mantiene formalmente, pero se reduce materialmente. Además, el problema es más estructural, porque la ciudadanía deja de deliberar para alinearse con las dos posiciones en disputa.

Ahora bien, si el siglo XX colombiano mostró los riesgos de un bipartidismo cerrado y violento, el siglo XXI podría abrir la puerta a un bipartidismo competitivo pero flexible, donde dos grandes fuerzas estructuren la disputa política como en las democracias liberales occidentales, pero donde haya espacio para fuerzas políticas de centro, que abarquen posturas de centro derecha y centro izquierda. Para eso se requiere reconstruir un centro político que no aspire a ser equidistante, sino intelectualmente exigente y estratégicamente eficaz. Un centro que no tema tomar partido y que nunca renuncie a su vocación de poder. Ese centro político liberal, que representa a la mayoría de la población colombiana, se tiene que mentalizar que, por ahora, le va a tocar trabajar en el marco de esas dos grandes fuerzas. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-felipe-suescun/

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