Colombia les queda lejos

Lo que suelen decir en la mesa de la mañana de Blu Radio llega a rondar lo inverosímil. Pero es cierto, lo dicen. El equipo parece armado para soltar, una vez sí y otra también, alguna sandez en la que a veces todos concuerdan y a veces alguien replica. 

Lo ha hecho su director, Néstor Morales, que ha sacado a pasear sus prejuicios y clasismos sin asomo alguno de vergüenza frente a los micrófonos en diversas ocasiones. Pero el más reciente caso, o del que quiero hablar, fue protagonizado por Felipe Zuleta Lleras. 

Tuve que escucharlo dos veces. Una porque lo dice como de pasada, casi entre dientes. La otra para confirmar que sí lo había dicho, que realmente dijo lo que yo oí. Imaginen la vocinglería que es común en ese programa, donde todos hablan a la vez, unos superponiéndose a otros, pisándose las voces. Discutían sobre la mención de Donald Trump de enviar tropas a Colombia. Fue algo más o menos así:

—Yo no creo que eso suceda… —dijo María Consuelo Araujo

—Desafortunadamente —deslizó Zuleta Lleras.

—¡Miércoles, Felipe —terció Morales —¿¡Cómo va a decir que desafortunadamente?!

—Desafortunadamente. ¿Y cuál es el problema? —se mantuvo en sus trece el pariente de expresidentes.

—¿Usted apoyaría una operación…? —insiste Néstor.

—¡Totalmente! —lo interrumpe el nieto de Alberto Lleras Camargo

—…una operación de Estados Unidos en Colombia? —concluye Néstor, porque Néstor siempre tiene que terminar sus oraciones.

—¡Totalmente! —reconfirma tajantemente Zuleta Lleras.

Antes habían discutido sobre el impacto político que podría acarrear la susodicha operación militar, sobre su sospecha de “el nacionalismo que se agita el día siguiente”.

—¡Se dispara Iván Cepeda! —alertaba un preocupado Néstor Morales. Porque parece que lo malo de aquella amenaza militar era esa, porque lo de la soberanía, en palabras de Zuleta Lleras, es “un cuento”. 

Pero luego soltó la verdadera perla. «Es que no nos va a atacar a usted ni a mí. No va a poner una bomba en Blu Radio ni en la Casa de Nariño». Y nadie le dice nada. Entonces queda claro, por si hacía falta, que a Felipe Zuleta Lleras y a algunos de los que lo acompañan, Colombia les queda lejos, porque si las bombas —de quien sean— no les caen cerca, pues qué importa mientras borren del mapa a esos que parecen despreciar. 

Y seguro que no es solo Zuleta Lleras, que parece más atrapado en su personaje, que siempre tiene a la mano una lista de adjetivos, epítetos y palabras malsonantes en lugar de argumentos. Seguro que hay otros que le aplauden las gracias porque creen, como él, que Colombia se reduce a sus gustos y opiniones, a su manera de ver el mundo, a las tres manzanas que conocen muy bien y de las que prefieren no moverse. Incapaces de ver más allá de lo que se los permite el privilegio… y las malquerencias.

Esa idea de querer que Colombia y ser colombiano (ese acto de fe que le hace decir Borges al bogotano Javier Otálora en su cuento Ulrica) es algo que solo le atañe a él y a unos pocos con los que coincide y que por encima de asuntos básicos como la soberanía se imponen sus caprichos y el azar que le permite firmar con apellidos ilustres sus opiniones llenas de desdén para con los demás que tuvieron el mal sino de no haber compartido cuna con él.

De malas ellos y que los bombardee Trump si le da la gana. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/

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