George Orwell, en 1984, creó un sistema opresivo que buscaba imponerse en la vida de sus habitantes con la vigilancia constante, el control del lenguaje, la manipulación de la historia y la eliminación de cualquier espacio para el pensamiento individual.
La legendaria novela que marcó el género distópico se volvió en un referente siempre que algún gobierno de talante autoritario va lentamente callando a los opositores y a las voces críticas a su gestión.
Ante muchas de las propuestas de este nuevo gobierno, desde sus lemas hasta sus medidas gubernamentales, resulta difícil no encender las alarmas.
La semana pasada fue noticia un tablero con el plan de gobierno al que llaman “El ciclo del Milagro”, parte del eslogan de campaña de ADLE, el cual estaba separado por una serie de ítems a los que llamaban “milagros”.
Algunos de estos dichosos milagros y sus estrategias son:
· El milagro de la vida: adoptar una postura «provida», revertir el aborto, reducir los feminicidios y establecer la cadena perpetua para violadores y asesinos de niños.
· El milagro del amor: acabar con la JEP, revivir la prohibición de adopción por parejas del mismo sexo, construir entre siete y diez megacárceles y permitir el porte legal de armas para el ciudadano «decente».
· El milagro del saber: sacar la «ideología de género» de las aulas y mejorar la virtualidad en las universidades.
· El milagro de soñar: eliminar el impuesto al patrimonio, acabar con la que denominan «falsa reforma agraria» y ampliar la frontera agrícola.
· El milagro de pertenecer: sacar a Colombia de la ONU, la OEA y la CIDH y alinearse completamente con el Gobierno de Donald Trump.
· El milagro de crear: reactivar el fracking, impulsar la energía nuclear y cambiar la junta directiva y la presidencia de Ecopetrol.
· El milagro de servir: reducir los ministerios de 19 a 13, modernizar la DIAN con inteligencia artificial y realizar un ajuste fiscal de 70 billones de pesos.
Es imposible dejar de pensar en Orwell y en la consigna del Gran Hermano «la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza», principalmente por algo que ADLE menciona constantemente en sus discursos, la batalla cultural.
Este es un concepto que propone que el poder se ejerce no sólo con la fuerza, también en la forma en la que la gente ve el mundo.
La promoción de determinados valores parece ser una de las mayores preocupaciones del gobierno, y genera inquietud la posibilidad de que esta “batalla cultural” no se limite a disputar ideas, sino que termine determinando cuáles pueden expresarse, cuáles deben ser rechazadas y cuáles ni siquiera deberían pensarse.
Entre los términos que aparecen en el libro hay uno especialmente inquietante para hablar de los crímenes más íntimos: el crimental. No se trata de un delito cometido con las manos, sino con la mente. En la sociedad imaginada por Orwell, pensar algo que cuestione o contradiga al Partido constituye en sí mismo un crimen. Así, cuestionar, dudar o criticar puede convertirse en motivo de persecución, detención e incluso condena a muerte.
Aunque no hemos llegado a un gobierno con tal capacidad de control y sometimiento, un caso como el de esta semana genera suficientes sospechas.
El programa Mañanas Blu 10:30, dirigido por Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo,fue cancelado oficialmente por “problemas de pauta publicitaria y bajos números de audiencia”. A pesar de esto la periodista Restrepo dijo que nunca le mostraron una cifra que respaldara esta decisión de sacarla del aire, además de que nunca le dieron respuesta.
Por su parte Zuluaga afirmó que ADLE se rehusó a ser entrevistado por parte de ella, y esta semana declaró que sólo iba a concederle entrevistas a los medios simpatizantes del gobierno.
Este afán por silenciar a las voces críticas, por simplificar la realidad y el pensamiento, por normalizar una visión binaria, reduccionista e insípida del mundo me hace pensar, ¿estoy cometiendo un crimental?
¿Cuestionarlo es un crimen? ¿criticarlo es un crimen? ¿No tolerar ni contradecir todas las pantomimas y propaganda que parece salida de una iglesia de garaje es un motivo para que los ciudadanos sean señalados y estigmatizados?
Colombia es un país profundamente diverso, en el que afortunadamente ni la mitad de la población cabe dentro de este molde. Esa diversidad es una de nuestras mayores riquezas y uno de los principales garantes de nuestra democracia.
La capacidad crítica debe ser nuestra mayor forma de resistencia. Al pensar en los eslóganes baratos, en las campañas chimbas, en las manipulaciones y fijaciones por concentrar el poder, vuelvo a Orwell.
El esfuerzo es la paz
La libertad es la dignidad
La resistencia es el milagro.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/miguel-echavarria/