La hipocresía del nuevo creyente

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces».

Con un camarógrafo siempre presente, se persigna y ora en la capilla de la Casa de Nariño; después va y le pone la corona a una estatua de la Virgen. Termina sus alocuciones subiendo el volumen y exclamando “viva Cristo Rey”.

Luego, la misma persona, en el mismo rol de presidente de la República, aparece rodeado de militares y vestido con los colores del ejército: camina entre veintitrés cadáveres para mostrar lo que considera resultados de una exitosa operación militar.

Dice que el balance es “veintitrés terroristas dados de baja” en la operación Azarías. Días antes, en la operación Amón, Medicina Legal confirmó la muerte de tres menores de edad, víctimas de reclutamiento forzado.

Y, de nuevo, termina el informe subiendo el volumen y exclamando “viva Cristo Rey”.

Nadie pone en duda que el Ejército tiene el monopolio legítimo de la fuerza del Estado y que entre sus funciones, además de preservar el orden constitucional, está defender la integridad territorial. También es cierto que el presidente es quien dirige las Fuerzas Militares y que debe mantener el orden público en todo el país. A los delincuentes hay que perseguirlos y ponerlos a disposición de la justicia: procesados y condenados, no contados como bajas.

Es aterrador el nivel de incoherencias. Por la mañana, se afirma creyente en un Dios que proclamó el amor y la paz; y, por la tarde, se vanagloria de la guerra. Entonces, ¿a cuál Cristo Rey le hace vítores?

Creyentes y no creyentes, en este país ya sabemos muy bien la historia de la guerra; cómo se degrada todo, en todos los niveles y en todos los bandos. No se tiene que recurrir a la religión para justificar atrocidades, porque eso también ya lo conocemos.

En Colombia, un Estado laico, el presidente no debería ni promover ni limitar la fe de los colombianos. Ni la suya propia. Puede creer en los mandatos religiosos que quiera. Pero, cumpliendo el rol que la mayoría le otorgó en las elecciones, como jefe de Estado debe proteger los derechos de todas las personas, incluidos quienes han cometido delitos, sin que eso impida  ejercer la fuerza cuando sea necesaria y proporcional.

Jesús, el Dios que se hizo hombre, el mismo que advirtió que el mundo es cruel y peligroso y llamó a sus seguidores a ser valientes sin usar la violencia, dijo: Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/maria-antonia-rincon/

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