Héroes, tigres y orangutanes 

Transcurridas unas 72 horas de posesionado el gobierno de Abelardo de La Espriella llegó el terremoto. Era apenas el primer día hábil del gobierno que ha ganado por el menor margen en las urnas. Un triunfo electoral que se zanjó en la división de un país. Un gobierno que despidió a uno que supo hacer a un lado a quien pensara distinto. 


La naturaleza, sin conocer de fechas, ni de momentos políticos, nos dio a las 7:34 de la mañana del lunes 10 de abril un sacudón inolvidable por la cantidad de vidas perdidas, de sueños venidos abajo, de ataques de pánico. Pero también —confío– que lo será porque la manifestación de solidaridad, unión y grandeza nacional nos ayudará a pasar una página de división y sectarismo. 

Cuando más divididos creímos estar fue cuando la vida nos obligó a unirnos. Para mí, el gran milagro es que de ahora en adelante la política no divida lo que la tragedia unió. Que no se vuelva a decir que el principal enemigo de un colombiano es otro colombiano. 

Llevo una semana en la que no ha habido día que pase sin llorar. Vendedores ambulantes donando lo que tienen, cadenas humanas cargando decenas de camiones con ayudas humanitarias, voluntarios hurgando hasta el último rincón hasta encontrar vida, empresarios y emprendedores donando sin consideraciones ni cálculos sobre las altas tasas de tributación. Una verdadera movilización que ha demostrado el tamaño moral como Nación. 

Mientras escribo esta columna el presidente De La Espriella —que se sigue llamando así mismo ‘tigre’— habla de un costo de reconstrucción estimado en unos 30 billones de pesos. Si ese valor incluye la capacidad de un gobierno por convocar a todos sus ciudadanos a trabajar unidos con esta misma fuerza, con este ímpetu; será un esfuerzo que se recuperará con creces porque la atención y la reacción ciudadana al tamaño de esta tragedia, nos ratifica una vez más de lo que somos capaces si trabajamos unidos. 

Si el gobierno —por obvias razones desbordado— cree erróneamente que este es su momento cometerá el error más costoso. No será este el momento de lanzar picos al aire, ni de entregar balones brandeados o, mucho menos, tener horas ministeriales en el club de playa. 

La patria milagro podría significar lo que los premios nobel de economía Acemoglu y Robinson llaman en su texto más reciente entrar al pasillo estrecho. Allí los autores utilizan a Colombia como uno de los ejemplos de un leviatán de papel y lo ilustran como un ‘orangután con esmoquín’: una apariencia de una burocracia que funciona, aunque en ocasiones se utilice para saquear al país, con instituciones que quitan más de lo que regresan en calidad de vida. 

Con esta demostración de grandeza de la sociedad civil colombiana llegó el momento de poner controles a ‘tigres’ y viejos orangutanes vestidos de esmoquín. Esta vez, no se debería reconstruir únicamente una lista de edificios colapsados, quizá también es el momento de construir un país que apenas conocimos.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/daniel-palacio-2/

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