Sin cuartel para los vencidos

Para todo sujeto “decente” que respeta y vive la democracia según los deberes y derechos que esta le concede, acatar la “desobediencia civil” convocada por el excandidato presidencial —heredero del gobierno saliente— lo asume como un acto de participación democrática, cívico, consciente y apropiado en el sistema liberal donde conviven pensamientos y diferencias políticas. La dignidad y la libertad son para todos.

En ese sentido, ser alentador de un golpe de Estado podría considerarse lo mismo, ¿no?

Han pasado tres semanas desde que se disputaron las elecciones presidenciales, y el país reconoció como ganadores al movimiento político de defensores de la patria en la contienda por la jefatura de Estado. Después de un momento sumamente delicado para la sociedad colombiana, marcado por una salvaje polarización entre las partes, vivimos una coyuntura de cambio estructural que no tiene precedentes en nuestra historia.

No tiene precedentes que un presidente saliente desconozca a la democracia que legitima a un proyecto político opuesto, cuando este proyecto fue el que se hizo elegir en la misma democracia que años previos le había dado su aval al gobierno saliente. No tiene precedentes que, después de asumir la responsabilidad de velar por aquellas poblaciones más necesitadas, recientemente se hayan descubierto acuerdos confidenciales que fortalecieron a grupos armados cuyas acciones atentaron -y siguen atentando- contra esas mismas gentes necesitadas.

No tiene precedentes que el proceso de empalme -cuya obligatoriedad es por ley- se haya visto interrumpido gracias a las declaraciones de fraude que señala el gobierno saliente, escupiéndole en la cara a las mismas instituciones que lo habían legitimado, años antes, cuando el pueblo lo había considerado como la mejor opción para la continuidad del país. 

Incluso tantos sectores que se inconformaron con esta elección tenían miedo de que dicho gobierno resultara ser el fraude que durante años se le acusó a su proyecto político de ser.

Y no fue grande la sorpresa cuando descubrieron durante su administración: profundos escándalos de corrupción con culpables impunes, muchas iniciativas sociales inconclusas y un detrimento de las arcas del Estado que constriñen como un cáncer a la inversión pública que el mismo “pueblo” por el que supuestamente luchan, tan urgentemente necesita.

El mismo fraude resultó ser, e incluso peor.

Este gobierno saliente, pretendió velar por la salvaguarda de las luchas sociales en el país. Usó a las multitudes en su sofocón político, insultando  la agencia y autonomía de las mismas gentes que alegaban representar. No logra su “revolución social” y ahora atenta contra el mismo pueblo que ya no la reconoce, después de elegir a un proyecto político opuesto. Incita a la confrontación, haciéndose él mismo enemigo de las gentes que juró proteger.

Que aliente tan descaradamente a la movilización masiva para defender su autoproclamada nobleza, en una falsa narrativa que se imagina un país nacional que los apoya, abusa de un sentido “nacionalista” y luego convoca una “violencia justificada” por la gente común. Ello se asemeja muy bien al “fascismo” que tanto señalan que los busca “destripar”.

Pero claro, son decentes, dado que el candidato perdedor debía representar ese voto, ¿no? Entonces la supuesta desobediencia civil, subordinada a la anarquía, es democrática y legítima, ¿verdad?

El presidente electo, tuvo la determinación de señalar aquellas instigaciones que hizo el gobierno saliente como un golpe de Estado. Y llama a las fuerzas militares para proteger la constitución, garantizando que se defiendan las instituciones ante este inminente peligro autoritario, fracasado en su “intentona progresista” por el bienestar social. Se hace urgente que el gobierno entrante asuma con bravura y detenga estos actos irracionales del gobierno saliente. 

Y será necesario ponerle un alto a este peligro, después de cuatro años de deterioro social y falsas revoluciones. Porque es justo que se conserve la integridad de un país, parándose de frente con entereza y sin titubeos, sin darles tregua ni cuartel, a aquellos que fueron justamente vencidos.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-sarria/

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