HipocreFIFA

La FIFA acaba de demostrar que el poder privado también sabe arrodillarse ante el poder político. Y Bélgica demostró, con creces, que el fútbol también puede imponerse ante la corrupción.

1) Folarin Balogun, delantero de Estados Unidos, bien ido del Mundial de Fútbol 2026 (@FIFAWorldCup), fue expulsado contra Bosnia y Herzegovina. La tarjeta roja implicaba una fecha de suspensión. 2) Donald Trump llamó a Gianni Infantino, presidente de la FIFA (@FIFAcom), para pedir que revisaran la decisión. 3) Poco después, la sanción fue suspendida y Balogun quedó habilitado para jugar contra Bélgica. 4) El presidente de Estados Unidos celebró su gestión. 5) Balogun jugó y defraudó a Trump que ahora no lo debe bajar de “perdedor”.

No tengo pruebas de que Trump haya ordenado la decisión, pero tampoco tengo dudas de que su intervención pesó.

La ironía es monumental. El artículo 19 de los Estatutos de la FIFA (@fifacom_es) exige que sus federaciones miembro gestionen sus asuntos “de manera ‘independiente’ y sin influencia indebida de terceros”. La FIFA ha suspendido federaciones nacionales por interferencias gubernamentales. Pero cuando quien llama no es cualquier gobierno, sino el presidente de Estados Unidos, anfitrión del Mundial (@fifaworldcup_es) ; cuando quien contesta es Infantino, cuya cercanía con Trump hace tiempo desbordó la diplomacia; y cuando después de la llamada ocurre exactamente lo que el poderoso quería, la ‘independencia’ de la FIFA parece disolverse.

Esa es la hipocresía de la FIFA. (@fifamedia)

El episodio, además, deja una lección política. En tiempos en que cierta retórica libertaria pretende convencernos de que el estado es, por naturaleza, corrupto; y que reducir lo público para ampliar lo privado disminuirá la corrupción, conviene recordar que ésta no tiene naturaleza jurídica.

Lo público puede corromperse. Lo privado también. Y, a veces, el poder privado, como la FIFA, resulta incluso más peligroso porque “gobierna” sin transparencia, sin rendir cuentas, distribuye recursos entre sus asociados y toma decisiones de “interés colectivo” sobre una de las industrias culturales más poderosas del planeta sin someterse a los controles que tiene el estado; “legisla” sin haber sido elegido democráticamente; e imparte “justicia” como lo hizo en este caso.

Por ejemplo, la FIFA obligó a la selección de Haití a modificar su camiseta para este Mundial debido a una ilustración de la Batalla de Vertières de 1803. El organismo consideró que esta referencia histórica a su independencia violaba su normativa contra mensajes políticos y bélicos en las prendas de juego. Sin embargo, histórica será la referencia a la violación a la “independencia” de la FIFA por el mensaje a Gianni Infantino de Trump, el político más bélico en este momento.

La FIFA puede repetir en sus estatutos la palabra ‘independencia’ cuantas veces quiera. Puede castigar a las federaciones pequeñas por las injerencias de sus gobiernos y presentarse ante el mundo como guardiana del fútbol. Pero las debilidad o fortaleza de las instituciones no se reflejan en las reglas que imponen a los débiles, sino en las excepciones que conceden a los poderosos.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-felipe-suescun/

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