Mantengamos la calma

Este título lo pongo principalmente para mí, para seguir tranquilo por estos días, a pesar del resultado que termine ganando el 21 de junio. Los dos candidatos que pasaron, Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda, están lejos de representarme y los dos, por distintas razones me dan miedo, rabia, indignación, suspicacia; son sentimientos diferentes, pero que se deben a un mismo malestar, el de un país que se va a la deriva con estos candidatos.

En otra ocasión hablaré con mucho más detalle de esta sensación, pero por hoy quiero pensar en algo más urgente, en cómo mantener la calma a pesar del que gane, o más bien en cómo mantener la esperanza.

Es verdad que cualquiera de los dos candidatos amenaza la institucionalidad del país, con declaraciones que desconocen sus resultados, insinúan la posibilidad de convocar a una constituyente o proponer sacarnos de la ONU y la OEA porque son supuestamente “entidades de izquierda”; pero hay que ser conscientes de que estos tendrán un sistema de contrapesos que frene muchas de sus iniciativas. El Congreso y la Corte Constitucional son organismos que representas que ha garantizado que no se lleguen a sobrepasar varias iniciativas de gobiernos que alterarían drásticamente las reglas de juego de nuestra democracia, como el caso de la segunda reelección de Álvaro Uribe o la constituyente insinuada por Gustavo Petro, han sido contenidos.

También es valioso hablar de la resiliencia del país para salir adelante. Colombia ha atravesado momentos mucho más oscuros que una elección polarizada. Hemos vivido la época de La Violencia, el auge simultáneo de guerrillas, paramilitares y narcotráfico, magnicidios de candidatos presidenciales, carros bomba, tomas guerrilleras, masacres y tasas de homicidio que hoy parecerían inimaginables. No menciono esto para minimizar los problemas actuales, sino para recordar que la sociedad colombiana ha demostrado una enorme capacidad de resistencia. El país que existe hoy es imperfecto, pero también es resultado de muchas personas que siguieron trabajando, estudiando, creando, escribiendo, enseñando y organizándose incluso en tiempos peores.

 La segunda razón es que ningún presidente es Colombia. A veces las campañas nos hacen sentir que una sola elección determina absolutamente todo. En la práctica, el país es mucho más grande que quien ocupe la Casa de Nariño. Existen alcaldías, gobernaciones, universidades, medios, organizaciones sociales, empresas, jueces, comunidades, bibliotecas, colectivos culturales y millones de ciudadanos que influyen en el rumbo del país todos los días. La historia rara vez la escribe una sola persona.

Además, las democracias empiezan a deteriorarse de verdad cuando la gente deja de prestar atención. Que existan ciudadanos inconformes con ambos bandos significa que todavía hay personas intentando pensar por sí mismas en lugar de entregarse por completo a una identidad política. El escepticismo puede ser una virtud democrática cuando no se convierte en cinismo.

Y hay una razón más. Las sociedades no avanzan en línea recta. Si uno lee historia, encuentra ciclos de retroceso, conflictos, errores y decisiones desafortunadas. Sin embargo, también encuentra personas que, en medio de esos momentos, construyeron algo que sobrevivió a la coyuntura: una escuela, una editorial, una biblioteca, una obra artística, una investigación, una comunidad. Muchas veces esas pequeñas construcciones terminan siendo más duraderas que los gobiernos que parecían definir una época.

La esperanza no tiene que ser la convicción de que ganará el candidato correcto. Puede ser la convicción de que la sociedad es más grande que sus gobernantes y que el futuro nunca queda completamente decidido por una sola elección.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/miguel-echavarria/

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