De Fajardo hasta Paloma

Durante 20 años, desde 2007, hice parte de Compromiso Ciudadano, el movimiento de Sergio Fajardo. Y lo digo sin ambigüedades: Fajardo sería hoy el mejor presidente posible para Colombia. 

Precisamente porque creo en la democracia representativa y en el republicanismo liberal, quiero anunciar públicamente mi voto en primera vuelta. Lo hago con reservas, sí. Pero sin vergüenza.

Muchos llamarán a esto “voto útil”, como si el voto por convicción no encerrara también una aspiración utilitaria: que el candidato en quien creemos pueda llegar al poder. Resulta curioso que buena parte de quienes hoy condenan moralmente el voto estratégico hayan hecho parte de la ‘Ola Verde’ en 2010 con Antanas Mockus (@AntanasMockus) y Fajardo (@sergio_fajardo), pero luego votaran pragmáticamente por Juan Manuel Santos (@JuanManSantos) en 2014, en primera y segunda vuelta, porque existía entonces un propósito superior: la firma del Acuerdo de Paz con las Farc.

Toda democracia madura funciona también sobre la noción de responsabilidad histórica. Y el propósito superior de esta elección, para mí, es preservar la Constitución de 1991.

No confío en el proyecto constituyente del Pacto Histórico (@PactoCol) ni en la idea de una Asamblea Nacional Constituyente impulsada desde el gobierno Petro (@petrogustavo) y tolerada por el candidato Iván Cepeda (@IvanCepedaCast). Pero tampoco puedo confiar en el populismo libertario de Abelardo de la Espriella (@ABDELAESPRIELLA), cuya admiración explícita por Nayib Bukele (@nayibbukele) y sus fórmulas autoritarias de seguridad ponen en riesgo garantías fundamentales del Estado de derecho.

Voy a votar por Paloma Valencia (@PalomaValenciaL). Porque, contra muchos prejuicios, ella ha empezado a representar algo políticamente más complejo de lo que sus críticos están en capacidad de reconocer. Su tránsito reciente hacia posiciones menos dogmáticas y más dialogantes, la acercan más al centro liberal-republicano que al uribismo radical de hace una década. Es por esto que los uribistas radicales están con Abelardo. 

Relacionado con esto, el debate alrededor de Paloma también revela un profundo machismo. A muchos hombres en política se les reconoce la capacidad de autonomía frente a sus mentores. A ella, no. Se insiste en reducirla a “la hija política de Uribe” (@AlvaroUribeVel), como si una mujer no pudiera ejercer agencia propia, revisar sus posiciones o construir independencia dentro de su propia tradición política. Paradójicamente, sectores que se autoproclaman progresistas terminan negándole justamente aquello que dicen defender: la capacidad femenina de autodeterminación política.

Creo en la capacidad de Paloma para gobernar con autonomía. Creo en su posibilidad de evolucionar políticamente. Y creo, además, que el país necesita recordar algo que Norberto Bobbio escribió en ‘El futuro de la democracia’: “La democracia no promete la eliminación de los conflictos, sino la existencia de reglas para resolverlos pacíficamente”. Eso también significa votar, a veces, no por quien más nos representa, sino por quien, dentro de la complejidad histórica que vivimos en este momento, puede preservar mejor las condiciones democráticas que permiten seguir discrepando en Colombia. Esa persona es, para mi, Paloma Valencia.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-felipe-suescun/

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