La política en tiempos de mensajería instantánea

Las redes sociales transformaron la sociedad. Lo hicieron de una manera tan radical como la hiladora de Richard Arkwright. La comunicación, el trabajo, el amor y la política se modificaron con la llegada de la mensajería instantánea, los emojis y los memes. La forma de relacionarnos con los otros tuvo un antes y un después. Lo que solía tener algún tipo de mediación ya ocurre de forma inmediata. El tiempo corre a otra velocidad. Nos dirigimos frenéticamente al futuro, que no sabemos muy bien dónde está, o cuál es. 

Alessandro Baricco dice que las características de la sociedad contemporánea son dos: 1.) la aceleración desproporcionada del cambio y 2) el desfase absoluto entre teoría y realidad. En tiempos de Charles Darwin la imaginación teórica tenía mucha más sincronización con el mundo. Era, si se quiere, más fácil anticipar hacia dónde se dirigía la humanidad.  Ahora, en seis meses tenemos un desarrollo de IA que hace no mucho hubiera tomado décadas. El análisis social de los efectos de esa voracidad tecnológica no podemos ni sospecharlo. Estamos yendo a ciegas hacia un nuevo mundo que no tenemos ni idea cómo se ve.

En esas sociedades en las que vivimos hay también una centralidad de la acción individual. Las personas se han convertido en empresas y proyectos. Hablamos de marca personal, de gerencia del sí, y de personalismo político. Los partidos políticos se han ido desinflando casi al punto de la desaparición para dar paso a los proyectos individuales. Alguien podría decir que el caudillismo es un mal viejo. Y tiene razón, pero las redes sociales y la exaltación del individuo han inflado la situación.

Otro asunto sustancial en este esbozo social que estoy tratando de delinear, es el desdibujamiento de los límites entre lo doméstico y lo público. Las redes sociales tumbaron todos los muros de nuestra intimidad. A pesar de que lo que se muestra es una versión muy estilizada de nuestras vidas, que está literalmente pasada por muchos filtros, sí hay una intromisión de los ojos de los demás en terrenos que hace 30 años eran más o menos invisibles para aquellos que no pertenecieran a nuestro círculo más cercano. Hoy entonces es difícil pensar en un afuera público y un adentro personal. Los límites explotaron con la aparición de los perfiles digitales, los posts y los seguidores.

Las consecuencias de estos cambios son de distintas magnitudes y tienen muchos significados. Salgamos de la enunciación en abstracto y tratemos de ver cómo se expresan estos atributos del arreglo social contemporáneo en el día a día de los políticos, y cuáles son sus tensiones. Hace unos meses el presidente Javier Milei estuvo involucrado en un escándalo porque desde su cuenta personal en Twitter, que es la misma desde donde despacha como presidente, recomendó a la ciudadanía argentina invertir en un fondo de inversión.  Milei alegó que cuando hizo ese trino no estaba hablando como presidente sino como economista. Más allá de lo endeble de su defensa, este hecho revela los conflictos de lo público y lo privado en redes sociales, en tiempos de individualidad exacerbada.

Miremos otra situación desafortunada en la que se borran las líneas que dividen el ejercicio de lo público y lo eminentemente familiar, sobre todo para la primera autoridad de un país. La semana pasada las disidencias de las FARC realizaron varios atentados. Uno de ellos, en la vía Panamericana, mató a 20 personas y dejó heridas a 43. Ese mismo día, el presidente de la República de Colombia trinó una foto en la que hacía referencia a su cumpleaños y a su ficción como libertador tropical.

Dejando de lado la vanidad y el irrespeto, este gesto presidencial o personal— pues ya no sabemos dónde empieza el uno y termina el otro— condensa también, como en el caso de Milei, buena parte de estos rasgos definitorios de la sociedad contemporánea: la inmediatez, la velocidad y el traslape entre la vida privada y la función pública.

Los políticos son siempre una expresión trágica de las sociedades que dirigen. Tenemos dirigentes obsesionados con sí mismos, que promueven su imagen individual como proyecto social y que no distinguen su función como presidentes de su vida personal. Mientras tanto, la ciudadanía es su reflejo. Vive en las redes sociales, cree en proyectos individuales y lleva el trabajo en su bolsillo.          

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar