A principios de 2026 los medios de comunicación documentaron las alzas en el servicio de transporte público en Medellín y a renglón seguido nos contaban que la ciudad tenía uno de los metros más caros de Suramérica y el pasaje de bus más caro de Colombia. A la par, recientes mediciones internacionales nos ubican como una de las ciudades más congestionadas en el mundo. El parque automotor ha crecido de forma vertiginosa, principalmente las motos. Los tiempos de desplazamiento han venido aumentando y con ello las pérdidas de cuantiosos recursos vía el tiempo perdido en los eternos trancones.
Así, evidenciamos una aparente contradicción, de ser merecedora de varios premios internacionales por sus procesos innovadores, muchos de los cuales se relacionan con la movilidad, pasamos a estar en un listado de ciudades donde el tráfico vehicular es de los peores.
Leí por ahí hace algún tiempo que las soluciones a los grandes problemas de movilidad en las urbes pasan más por decisiones de orden político que técnico. Hay un abanico de opciones para mejorar la movilidad vial que, incluso, no son costosas. Obedecen a asuntos más de organización del limitado espacio público, de control y respeto a la norma. Es allí, donde aún no hemos dado los pasos que se requieren en la ciudad.
Sobre las fallas en el control de las normas, lo evidenciamos a diario en nuestros barrios. En materia de seguridad vial, muchos motociclistas olvidaron que el casco existe, y los guardas de tránsito son tan escasos que difícilmente se ven en los barrios. El parqueo en las calles está desbordado. Muchas de las edificaciones, casas o edificios en barrios no fueron pensados para albergar el número creciente de carros y motos. En algunos barrios consolidados, las casas que se construían no tenían en su diseño el garaje, o si se construía era para un solo vehículo. En los más recientes barrios, principalmente para familias de ingresos medio bajos o bajos, el diseño y las directrices del Plan de Ordenamiento Territorial no permiten un número adecuado de espacio para los vehículos, que tome en cuenta la realidad de la ciudad y no el deseo de una ciudad con menos carros. Así las cosas, recorrer las vías de muchos barrios en Medellín se volvió una odisea, aumentando con ello los tiempos de recorrido y la paciencia necesaria para llegar a los destinos a tiempo y sin estrés.
Está claro desde hace años que la ciudad no cuenta con mucho más espacio para crecer las vías. El resultado evidente es que, ante el crecimiento del parque automotor, que no cesa, como lo muestran las cifras más recientes de ventas de vehículos en los primeros meses de este año con un repunte significativo frente a 2025, y con prácticamente las mismas vías, hay una congestión creciente que puede llegar a casi paralizar la movilidad de no cambiar algo en las políticas para contrarrestar el problema.
También está claro que la medida del pico y placa se agotó hace rato. Es más, la evidencia internacional muestra que cuando se suman más horas a la medida, convirtiéndola en restricción de todo el día, los hogares tratan de evadirla comprando más carros, lo que exacerba el problema que se quería solucionar. Así las cosas, reducir la congestión en Medellín pasa por sumar nuevas medidas y expandir algunas otras ya vigentes. Lo anterior requiere voluntad política, dar algunas peleas, preparar a la ciudad de forma pedagógica para aceptar que el uso de las vías tiene costos que hay que hacer visibles mediante medidas que gestionen esa demanda.
Retomando las noticias de inicio de año, le preguntaron al gerente del Metro de Medellín, Tomás Elejalde, que se podía hacer, para que ante ese aumento del valor del pasaje en Metro y, en general, del transporte público en Medellín, pudiera ser contrarrestado. Elejalde habló de cómo la Alcaldía de Medellín podría subsidiar la tarifa del Metro, si usara medidas para internalizar las externalidades de la congestión, esto es, medidas como los peajes urbanos, cobros por contaminar, y el cobro por parqueo en las vías, como las que ya se tienen en ciertas zonas con los ZER.
Estas opciones de política han estado en la agenda desde mucho tiempo atrás, pero no ha habido voluntad política para llevarlas a cabo. En la anterior alcaldía se intentó implementar algo similar a un cobro por congestión, pero la medida no fue socializada a cabalidad y se percibió más como una forma de recaudar recursos sin conocerse su destino específico y, al poco tiempo, fue retirada.
La ciudad está atravesando un momento crítico en su movilidad, llegó el momento en que se deberían estar empezando a socializar el abanico de opciones de política que se implementarán para reducir la congestión vial y con ello los enormes costos para los ciudadanos que hoy la estamos padeciendo. ¿Habrá voluntad política para hacerlo?
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