Yo también estoy inquieta. Y sí, me paro desde una postura feminista, pero anticipo que no concibo un único feminismo ni una única forma de ser mujer en el mundo.
Lo primero es mencionar que la misma Paloma Valencia no se reconoce feminista. En su postura pública y reiterada al respecto vincula al feminismo con la izquierda y ha dicho que ella no “comulga” con esas ideas. Entonces, las feministas que no votaremos por ella no estamos “buscándole la caída”; pero tampoco la vemos como opción porque no creemos en sus posturas conservadoras.
Segundo, ser mujer en el poder no implica ser mujer que defienda los derechos de las mujeres. Ejemplos claros tenemos en el panorama político internacional, es solo mirar… Paloma Valencia representa a una élite política que ya estuvo en el poder y que busca volver a ese lugar para preservar sus intereses y privilegios.
Ser feminista es asumir una postura política: la que históricamente ha luchado por el aborto legal, por los derechos de las disidencias sexuales, por la redistribución del poder y por la protección de las más vulnerables. Paloma ha dedicado buena parte de su carrera legislativa a defender los intereses del sector político que más se ha opuesto a esas conquistas. No apoyarla no es traicionar a las mujeres. Es ser consecuente con una política.
Se dice que, si ella gana, sería la posibilidad de “romper el techo de cristal” en la política colombiana. Mi postura es que depende de para quién se rompe ese techo. Una eventual presidencia de Paloma Valencia sería el tiempo de mujeres privilegiadas, que pertenecen a una clase política y económica que ya ha dado bastantes muestras de ser contraria a derechos y protección a los más vulnerables. Ese techo que rompería para ella, y para los suyos, más que en espacio de representación, podría convertirse en vidrios rotos que caen sobre los excluidos, los pobres, los diferentes, la población LGBTIQ+. Es hacer un hueco por el que cabrán muy poquitos.
Reconozco que, entre todo, lo que más me cuesta sí es la relación con Álvaro Uribe. No es un asunto menor, no es una anécdota, no es un “craso error en el mundo del espectáculo». Paloma Valencia no se ha dicho «hija de Uribe» de manera afectuosa y distante: se ha definido públicamente como más uribista que el propio Uribe y ha construido toda su carrera política alimentada por ese proyecto. Eso no es un padrinazgo incómodo que ella tolera para que la escuchen: es una identidad política con la que ella ha hecho carrera en el legislativo.
No soy capaz de dejar de pensar en los 6.402 seres humanos que fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales, perpetrados por el Ejército, y en muchos casos con la cooperación de paramilitares, y que esto fue, principalmente, entre 2002 y 2008, durante el Gobierno de Álvaro Uribe. Y ese número, multipliquémoslo entonces por la cantidad de madres, hermanas, hijas, esposas que aún están llorando.
Paloma Valencia puede en este Estado democrático representar los intereses de su partido y defenderlos. Puede, incluso en términos personales, querer y admirar a Álvaro Uribe. Pero lo que sí es un total descaro es tratar de negar las verdades que la JEP le está entregando al país. Por no hablar de la falta de decoro y compasión con esas mujeres, cada vez que grita “Uribe es mi papá”.
Desde los feminismos sí buscamos representación de mujeres en ámbitos de poder, claro. Pero esto lo hacemos con preguntas desde la base: ¿qué políticas concretas mejoran la vida de las madres cabeza de hogar en Tumaco, de las mujeres desplazadas del Catatumbo, de las lideresas amenazadas? Desde los feminismos nos pedimos ser honestas cuando un proyecto político, por más que lo encarne una mujer, históricamente ha dado la espalda a esas preguntas.
No votar por Paloma Valencia no es cómodo ni fácil en un contexto donde las alternativas también son bastante imperfectas. Es gracias a la formación política feminista que nos damos cuenta por qué Paloma Valencia no nos representa. No es una traición a los feminismos. Es, precisamente, ejercerlo.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/maria-antonia-rincon/