Hay frases que revelan más de lo que pretenden ocultar. En marzo de 2023, el presidente Gustavo Petro, interrogado sobre su hijo Nicolás —en medio de un escándalo de corrupción— respondió con una claridad desarmante “Él se crió en Córdoba. Nunca tuvimos la oportunidad de convivir. No lo crié, esa es la realidad»
La frase se volvió viral. Generó memes, debates, incluso una carta desde el búnker de la Fiscalía donde Nicolás Petro pidió formalmente no recibir la visita de su padre. Pero lo más revelador fue que casi nadie se sorprendió demasiado con lo dicho por el presidente acerca de su hijo y las implicaciones reales a niveles personales, familiares y hasta nacionales. En Colombia, la frase «yo no lo crié» no es una simple confesión extraordinaria, es la descripción cotidiana de millones de hogares.
Según cifras del DANE, el 46,5% de los hogares colombianos tienen jefatura femenina, y el 68,8% de ellos son liderados por mujeres sin pareja, indicando que son aproximadamente 5,6 millones de mujeres que crían y sostienen solas a sus hijos. La ausencia paterna es un infortunio nacional.
Casi que con precisión matemática, el costo de este fenómeno recae sobre el tiempo y el cuerpo de las mujeres. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, las mujeres que crían solas dedican el 46,9% de su semana a tareas de cuidado, frente al 27% de los hombres y menos tiempo significa menos trabajo remunerado; menos ingresos con más responsabilidades, y esto trae como resultado pobreza estructural.
Para ponerle rostro a esta estadística, se vale mencionar parte de la historia de vida que quiso compartir el candidato a la vicepresidencia Juan Daniel Oviedo, quien contó cómo fue su relación con su padre. Así como también, la historia del concejal Daniel Briceño quien recientemente contó que nunca conoció a su padre, un hombre que él mismo calificó de «irresponsable» y que no respondió ni siquiera por el apellido, algo con lo que muchos colombianos pueden identificarse.
Son historias que flotan en el aire colombiano sin que nadie las llame por su nombre, pero vale la pena decirlo con todas las letras, tenemos ¡una crisis de corresponsabilidad masculina de proporciones nacionales!
En 2024 se presentaron más de 43.000 demandas por inexistencia alimentaria, es decir, por padres que no cumplen ni siquiera con la cuota económica que la ley les exige. Y como sociedad, seguimos aplicando estándares radicalmente distintos a madres y padres, a ellas les exigimos presencia absoluta que termina carcomiendolas en forma de culpa permanente, por lo titánica que es la labor. Mientras a ellos, a veces ni siquiera se les exige aparecer. Cientos de miles de familias viven más precariamente porque un hombre decidió que la crianza no era su problema.
Volviendo a la frase célebre de nuestro actual presidente, lo más perturbador es su función retórica, la ausencia y el abandono se enuncian como contexto, como explicación, casi como exculpación. Y Colombia la aceptó sin mayor cuestionamiento.
En estos tiempos que tenemos una Colombia en campaña electoral y los candidatos compiten por definir qué país quieren construir, hablan de seguridad, de economía, de paz, pero casi ninguno habla de los 5,6 millones de hogares donde una mujer sostiene sola.
Deberían poner el ojo ahí, porque pocas decisiones de política pública tienen mayor impacto sobre la pobreza, la educación y la movilidad social que garantizar la corresponsabilidad paterna, visibilizar a los hombres como cuidadores activos debe ser expuesto como inversión en capital humano que tiene retorno medible.
«Yo no lo crié» debería escandalizar más, y no es porque Petro sea el único padre ausente de Colombia, sino porque es el símbolo más visible de un problema que nadie ha tenido el coraje de nombrar prioridad. Esa visibilidad es, paradójicamente, una oportunidad para exigirle a quienes quieren gobernar que pongan a los 5,6 millones de mujeres que crían solas y a los niños que dependen de ellas en el centro de su agenda.
*Las cifras citadas corresponden a la Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2024, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo y la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE.
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