Tengo fe

Para escuchar leyendo: Parao, Rubén Blades.

Debe ser una de las preguntas más estudiadas en la historia, saber qué es la fe. Las mentes más grandes de la humanidad se han dedicado a darle respuesta, entregando su vida a ese propósito, y apenas han logrado dar algunas luces.

En esa línea, una de las mejores explicaciones sobre nuestra nacionalidad se basa en esa idea. Borges dice que ser colombiano es un acto de fe; pero entonces, ¿qué es eso? Yo no sé, pero me gusta pensar que la fe es la certeza del final feliz en medio de la incertidumbre del presente.

¿Será ridículo albergar fe ante tanto desasosiego? ¿Será ingenuidad, terquedad, estupidez? Quizás. Por estos días, muchas personas señalan que efectivamente lo es, que es incluso falta de racionalidad. Caramba, ¿pero por qué debo perderla? ¿No es acaso la fe una de las formas más hermosas de la razón? Saberse en dificultades, pero tener la certeza que al final se solucionará. Será ingenuidad, tal vez, pero para mí es también un motor. Al final, lo que decía Galeano sobre la utopía le cabe también a la fe: es lo que sirve pa´ caminar.

Por estos días, en los que cada colombiano es politólogo y experto en elecciones, muchos se han logrado sentar en las sillas de jueces y han condenado a los distintos al ostracismo del error, de la equivocación. Nos señalan de no amar al país, de no tener la grandeza histórica, de no medir las consecuencias de nuestros votos, simplemente por no pararnos en alguna de las dos orillas de las candidaturas.

La polarización se traduce en la rabia, en un maltrato inentendible, más fuerte con quienes no compartimos orillas que con aquellos que se encuentran en una diametralmente opuesta. Llevamos décadas con las mismas peleas, solo cambiando el nombre de los protagonistas. Y entonces, señalan, minimizan y nos exigen nuestra rendición a quienes no creemos que solo existan esos caminos, como si no hubiera otra forma de amar a Colombia (porque precisamente es tanto nuestro amor que sabemos que merece algo mejor), como si pensar distinto fuera una traición a la patria.

Siempre he votado en primera vuelta con ilusión, y en segunda con resignación, pero me mantengo con la frente en alto y la esperanza intacta de saber que hay caminos diferentes, que Colombia puede y debe ser capaz de hacer realidad la ilusión de un gran nosotros, que la democracia no puede ser una danza de resignaciones y que el mal menor no puede ser la norma general de nuestro sistema político.

No me breguen a bajar la caña, mi ilusión es sinónimo de terquedad. Como lo canta Blades:

Yo no fui el mejor ejemplo y te lo admito

Fácil es juzgar la noche al otro día

Pero fui sincero, y eso sí lo grito

Que yo nunca he hipotecado al alma mía

Si yo he vivido parao

Ay que me entierren parao

¡Si pagué el precio que paga

El que no vive arrodillao!

Tengo fe, y votaré con ella en mayo. Ojalá también en junio.

¡Ánimo!

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-henao-castro/

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