A las urnas

Escribí esto hace tiempo (hace casi cuatro años, o sin el casi) en otro lado. Era, como ahora, tiempo de elecciones.

«Soy incapaz de llegar a esos niveles de certeza y confianza de quienes se transforman en vallas con el nombre y el eslogan de cualquier candidato; sigo sin entender el entusiasmo de aquellos que prestan sus ventanas, carros o redes sociales para que se vea el rostro de un aspirante al poder o los lemas de su campaña.

Pero así soy yo, un descreído. Tal vez fue mi amiga Catalina la que me dijo que yo dudaba hasta de lo que me comía. Y Alberto, el abuelo de mi Cata, terminaba todas nuestras discusiones con un: “¿A vos qué es lo que te gusta, hombre Mario?”.

Confieso que nunca tuve afán de estrenarme como votante y que, desde que lo soy, solo dos veces lo hice con esperanza: cuando marqué como presidente a Carlos Gaviria y cuando le di el sí al Proceso de Paz.

Las demás ocasiones he votado con sospechas y dudas, sabiendo que estoy eligiendo no al que considero el mejor candidato, sino a duras penas la que juzgo como la menos mala de nuestras opciones, la “menos pior”».  

Pero bueno, aquí estamos otra vez, en el mismo ciclo de arengas y gritos, de señalamientos y tensiones, de mentiras y desinformación… Y un poquito de esperanza. O de expectativa, mejor. A ver si esta vez hay en el congreso menos clanes, menos cuestionados, si esta vez no vuelven a sus curules los sospechosos de siempre. Ni que los reemplacemos por los influencers de ahora.

Lo que no sé es cuál capítulo es este en esta larga contienda electoral que es la realidad de Colombia, donde no se ha posicionado un presidente y ya se está armando la lista de los siguientes presidenciables. ¿El segundo tras la consulta de octubre? ¿El primero porque ahora, pase lo que pase, se barajan de nuevo las cartas del mazo?

Hoy termina parte de la tormenta, y descansaremos por un tiempo de las jugadas tramposas de algunos aspirantes que buscaron desesperadamente figurar así fuera con patrañas para ganar algunos votantes (y que ojalá solo hayan conseguido hacerse virales). 

Ojalá —y lo digo con toda la fe de la que es posible un incrédulo— lo que resta de la campaña presidencial sea el debate de las ideas y no una suma de maledicencias y mentiras. Ojalá —y lo digo con el pesimismo de quien sabe que se equivoca— este remate de la elección del próximo presidente no sea tan similar a la de hace cuatro años, con el sectarismo desbordado. 

A ver si así nos va mejor a todos. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/

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