Vivir en el trancón y en el olvido 

En el corregimiento de San Antonio de Prado viven unas 200 mil personas, una población superior a la del 90 % de los municipios del país e incluso mayor que la de capitales de departamento como Quibdó.

Aunque San Antonio de Prado es la única zona de expansión de Medellín. Lo más paradójico es que allí ha crecido la urbanización, pero no la ciudad. Cuando esto sucede, el resultado inevitable es la exclusión.

La fractura del puente La Limona, en el límite entre Itagüí y San Antonio de Prado, es más que un asunto técnico: ese paso evidencia el olvido institucional que ha sufrido este corregimiento de Medellín. Durante años, sus habitantes han visto pasar promesas de largo, mientras que, por otro buen tiempo, vieron cómo su parque principal se convertía en un desfile de carros de basura rumbo a El Chuscal.

Quizá las últimas obras de consideración que se ejecutaron allí fueron en 2015, cuando se construyó la UVA y se remodeló el parque.

Viví en San Antonio de Prado hasta los 12 años y, desde que era muy pequeño, escuchaba con ilusión sobre el avance de la «Circunvalar Occidental», una obra que prometía conectar el corregimiento con Belén mediante una gran vía. Desde entonces, la promesa se actualizó y ahora se habla de un metrocable; sin embargo, si ese proyecto avanza a la misma velocidad que la ampliación del puente de La Limona, podrían pasar otros diez años sin una solución real a su movilidad.

Porque demorarse más de 2 horas al trabajo por cada trayecto no es una consecuencia natural del proceso de urbanización; es más bien, la evidencia de un síntoma de exclusión. 

San Antonio de Prado requiere con urgencia no solo la ejecución del puente prometido, sino también la construcción de equipamientos de ciudad, obras que permitan la inclusión de casi el 5% de la población de Medellín. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/daniel-palacio-2/

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