Las emociones y Fajardo

La reciente y esperada encuesta de Invamer Gallup mostró el infierno imaginado: una segunda vuelta presidencial entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, ganando el segundo. Tal es también el infierno posible, porque señala el alto riesgo de repetir la historia del infierno anterior: la segunda vuelta presidencial entre Rodolfo Hernández y Gustavo Petro, ganando el segundo.

Como alternativa aparece Sergio Fajardo y, según el estudio de opinión, si pasa a segunda vuelta podría triunfar sobre Iván Cepeda, el candidato sucesor. El mismo que hasta ahora ha dicho muy claro que no pretende desmarcarse de Petro y que ha guardado un silencio consecuente ante el último y más grave escándalo del gobierno donde se señala la cercanía de funcionarios de altísima confianza del Presidente con las disidencias de las Farc.

Uno de los hechos más relevantes de las denuncias publicadas por Noticias Caracol es el supuesto apoyo del general del Ejército, Luis Miguel Huertas, para conformar una empresa de seguridad integrada por miembros de las disidencias al mando de alias Calarcá. Con un mecanismo parecido se crearon en los años noventa las Convivir, empresas legales de seguridad conformadas por paramilitares, que actuaron en conjunto con la fuerza pública.

Esto es porque la historia en Colombia es un bucle, un espejo contra un espejo. Y, como pasa por los efectos de la óptica, lo que está al lado derecho se refleja en el izquierdo y viceversa. Esto es porque en nuestra evolución circular, la serpiente se muerde la cola, o el mismo tigre.

Fajardo es lo distinto, pero dicen que no emociona. Lo acusan de ser pura razón y de que la gente no vota movida por argumentos sino por emociones. Ni lo uno ni lo otro, sino las dos cosas: las creencias, que son pensamientos arraigados, a veces automáticos, despiertan las emociones y producen acción.

En la construcción de las creencias están las narraciones que, repetidas muchas veces, alimentan los mitos: y de los mitos que compartimos, vivimos como sociedad. En torno al candidato Sergio Fajardo se construyó la narrativa de que es tibio, de que hace alarde de una superioridad moral odiosa y de que no apela a las emociones básicas como la ira y el miedo, grandes movilizadoras en la política.

Se olvidan los críticos de la emoción de la esperanza, otro gran motor de la fuerza electoral. La fe en que se puede gobernar distinto, retomar el control del país sin ofrecer balín ventiado o sin prometer destripar al adversario; fe en que el trabajo honesto y paciente produce resultados de largo plazo; fe en que se puede llegar al poder sin la pulsión de saqueo al erario… Esa fe es la que no despiertan los otros candidatos.

De la Espriella vive del miedo a que se monten otra vez los petristas y de la rabia por haber permitido que la izquierda llegara al poder. Cepeda se alimenta de la narrativa petrista enfocada en la lucha de clases aún cuando en el gobierno no hubo carretera a Quibdó ni acueducto en Urabá y sí altísimos niveles de violencia en los territorios más azotados por la pobreza y la desigualdad. Eso, sin contar con los gustos estratosféricos del Primer Mandatario. Las reglas del storytelling le exigen al narrador la capacidad de pintar el final feliz del héroe que para el caso de las elecciones de 2026 somos nosotros: ¿cómo se ve Colombia con un presidente que no esté en el extremo? Esa es la historia que tiene que aprender a contar Fajardo con un poco más de claridad y, por qué no, de demagogia.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/catalina-montoya/

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