En Colombia cuando hablamos del centro abrimos el cajón de las frases hechas para calificarlo como tibieza, como falta de carácter y como indeterminación. La tibieza política tiene, como muchas otras cosas, un lado luminoso y un lado oscuro. Del lado oscuro está la falta de causa, de posición ideológica. Para seguir en el cajón de las frases manidas, la levedad del centro se condensa muy bien en aquella frase que dice “si eres neutral en situaciones de injusticia, estás eligiendo el lado del opresor”. El lado oscuro del centro es la neutralidad, la intrascendencia y la cobardía.
La luz de la tibieza —entendida como una posición de síntesis— está en su vocación de asumir la complejidad universal. El mundo es tibio, en el sentido que no es blanco o negro, en la medida que es absolutamente complejo. Tanto lo es que jugamos con la ficción de que podemos conocerlo, con la ilusión del orden, del tiempo, de las instituciones políticas.
A pesar de su temperatura, el pensamiento de centro —asumiéndolo como una suerte de sincretismo político — existe y ha existido. Para no irnos muy lejos — porque incluso podríamos retroceder hasta Grecia para rastrear la idea de síntesis política— lo que entendemos hoy como centro es lo que Antonny Giddens llamó en ese famoso ensayo como “La tercera vía”. ¿Y qué es eso? una forma de encontrar alternativas al binomio Estado planificador – laissez faire. A las orillas. Al estalinismo y al fundamentalismo de libre mercado, a ¿Qué tanto Estado? y ¿Qué tanto mercado?
Esa pregunta ha marcado la política post ideológica, lo que Francis Fukuyama denominó el fin de la historia. La idea de síntesis ya había tenido sus capítulos en las socialdemocracias europeas, en el socialismo de mercado. Pero con la disolución de la URSS y la caída del muro del Berlín se consolidó una aceptación de un diseño institucional específico: el de la democracia liberal de libre mercado. Lo que queda es entonces —en vista de la pérdida de la alternativa política, y de un consenso neoliberal — determinar los límites del estado y el mercado.
El centro, la tercera vía, da una respuesta concreta a eso. Se aleja de la idea de igualdad sustantiva socialdemócrata para proponer una de oportunidades, un poco siguiendo la tradición reciente del liberalismo igualitarista de Rawls, Amartya Sen, Martha Nussbaum. Acepta el mercado pero propone un Estado que regule sus fallas y que garantice redistribución de la riqueza. Cree en los subsidios focalizados. Familias en Acción es un típico programa de la tercera vía, con subsidios condicionados.
El centro además es reformista, pero más conservador del diseño institucional que los socialdemócratas. Es poco amigo de los impuestos y muy amigo del mercado y de los grandes tenedores de capital. Por eso desde la izquierda se le ve como una derecha baja en sodio. Porque no hay una motivación lo suficientemente revolucionaria, ni emancipatoria, que garantice un mejor reparto de las condiciones sociales.
¿Existe en Colombia? Sí, en la práctica. Varios gobiernos podrían decirse que fueron de tercera vía. Y de alguna manera la realidad de los gobiernos en Colombia y en el mundo, salvo casos muy específicos, terminan siendo una especie de esta corriente política, de pragmatismo gubernamental. Incluso China, encontró un modelo que es en buena parte una síntesis entre Estado y mercado. Y lo que ocurrió fue impresionante: 800 millones de personas salieron de la pobreza en 40 años. Eso sí, a costa de una pérdida de libertades políticas y de la profundización de un capitalismo depredador del planeta.
Donde no existe es en lo simbólico. El centro como práctica política en Colombia es la tibieza, la indeterminación, el fetichismo de las formas. No hay un habla que articule la idea de un nuevo mundo. No hay lenguaje que describa las desigualdades, los dolores, los problemas. Hay una absoluta imposibilidad de símbolo, de metáfora. Los políticos de centro en Colombia son incapaces de poesía, y por eso, no pueden imaginar el futuro. No le hablan más que a sí mismos.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/