Nunca he sido un tipo de medias tintas. Los que me conocen lo saben bien: incluso cuando he cambiado de opinión radicalmente con los años, nunca me han gustado los lugares comunes ni la gente que no toma partido cuando la situación lo amerita.
Durante muchos años dije que ningún político me representaba totalmente, y aunque hoy sigue siendo parcialmente cierto, la verdad es que he tenido la oportunidad de conocer personas maravillosas con las que, si bien no me identifico por completo, sí lo hago en gran medida. Por esta razón, cuando amigos y conocidos me han preguntado por quién votar en las próximas elecciones, yo canto el voto sin pena: a la Cámara de Representantes voto por Federico Hoyos, el 104 de la lista del Centro Democrático, y al Senado por la lista cerrada del mismo partido, pero teniendo en mente que es un voto intencionado por Juan Espinal.
A Fede, como le decimos los voluntarios de la campaña, lo conocí cuando él era representante a la Cámara en 2015, cuando fue a mi colegio a dar una charla sobre qué hacía el Congreso y cuál era su papel fundamental como guardianes de la democracia. Aunque en esa época no pensaba ni remotamente cercano a él, siempre me pareció un tipo digno de admirar: por su talante técnico, que sin duda tiene, pero sobre todo por su calidad humana y por los valores de transparencia que siempre ha llevado por delante. Cuando once años después, ya pensando muy similar a él en la gran mayoría de aspectos, me invitó a participar de su campaña, no tuve que pensarlo dos veces.
A Juan lo conocí varios años después, cuando él era representante a la Cámara. Tuve la oportunidad de acompañarlo en las candidaturas que apoyaba para las regionales de 2023 y de trabajar a su lado un año después en el Congreso de la República. Aún hoy puedo decir con orgullo que Juan fue mi primer jefe recién graduado. Juan es sinónimo de debates técnicos, de templanza y de honestidad. Ha dado, sin temor a equivocarme, algunos de los mejores debates sobre energía en la Cámara, y sería un lujo para el país que pudiera llegar al Senado.
Por eso esta vez no tengo problema en decirlo con claridad: mi voto ya tiene nombre propio. He visto de cerca cómo trabajan, cómo entienden la política y qué país quieren construir. En tiempos en los que la política suele reducirse al ruido y a los extremos fáciles, vale la pena respaldar a quienes hacen debates serios, con argumentos y convicciones. Por eso, si me preguntan, lo digo sin rodeos: a la Cámara voto por Federico Hoyos, 104, y al Senado por la lista del Centro Democrático pensando en Juan Espinal. Creo sinceramente que ambos son garantía de una política bien hecha, con carácter, preparación y respeto por las instituciones.