¡Yes, mister Trump!

Vi una tira del humorista argentino Max Aguirre donde declara: «Yo soy realista. La pesimista es la realidad»

Y le ando dando vueltas a esa realidad, mientras miro la deriva que llevamos, unos más adelante que otros, en esta suma de azares y desencuentros que llamamos mundo. Me parece, por ejemplo, que hay una especie de teatro del absurdo en aquellos que sostienen que el vasallaje de María Corina Machado ante Donald Trump vale la pena como camino para recibir las llaves del Palacio de Miraflores, como si el servilismo no fuera malo en todas sus formas, como si de la sumisión se pudiera volver incólume. Eso solo puede ser una pésima idea, una pésima realidad.

Quizá por eso pesa tanto lo que escribió la guatemalteca Gioconda Belli, despojada de su ciudadanía por el tirano Daniel Ortega: «María Corina Machado se ha traicionado a sí misma en ese acto de rendición que fue la entrega de su Nobel a Trump. No logro digerir que cediera su dignidad para satisfacer la pataleta de un presidente infantil. Tornó un galardón celebrado por tantos en vergüenza y tristeza».

En una región tan necesitada de libertad y de dignidad, rendirle pleitesía al matón del momento es, cuando menos, un acto indigno. Hay quienes tratan de explicarlo, pero a mí me suena a un esfuerzo demasiado elaborado que no termina por ocultar lo evidente y no hace falta nadie que grite que esta emperatriz va desnuda. Que antepuso la libertad al ego, dicen, pero tanta obediencia riñe con el concepto de voluntad. 

María Corina parece estar en sintonía con quienes ven en el avance del fascismo por el mundo las señales de un cambio para bien, más organizado, se dirán a sí mismos, porque auguran que la cosa no va a ser con ellos y piensan, quizá, que van a estar a salvo de la maldad. Y entonces se pliegan esperando recibir favores cuando todo parece demostrar que lo único que les aguarda es el desprecio de aquellos a quienes rinden pleitesía.

Pero gente así, genuflexa, hay en todas partes. Por estos lados, para no ir muy lejos, pelechan los aplaudidores del abusador: unos por miedo, otros por conveniencia y no pocos por pura servidumbre atávica. ¡Qué vocación de colonia, hermano! 

Y entre ellos está el candidato imitador del trumpismo, el que recoge en Colombia las banderas de la ultraderecha y se abraza con los españoles de Vox y con esos otros radicalismos latinoamericanos, con esa internacional reaccionaria que anda avanzando a pasos gigantes por el mundo. Ahí va, digo, ganando adeptos fascinados por sus formas: la violencia del lenguaje, las ideas retrógradas, su camaleónico posicionamiento para engañar incautos. Ahí va, apelando a las leguleyadas para silenciar a los periodistas que le cuestionan. Ahí va, disfrazándose de lo que corresponda para darles gusto a las mayorías que lo votarán. Ahí va, pidiéndole al hijo del matoneador que su padre intervenga en nuestro proceso electoral, que lo ayude a ganar para luego, claro está, obedecerle. Ya debe llevar meses ensayando por si le toca empezar a repetir ¡Yes, mister Trump!

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/

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