Ya habíamos visto esta historia

“Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas”.

Albert Camus.

Guion

NEGRO.
Un monitor parpadea. Titulares aparecen y desaparecen: GazaGuerraPazCeasefire.

CORTE A:

INT. SALÓN DE PRENSA – CASA BLANCA – DÍA (2025)

Flash de cámaras.
Micrófonos que esperan.

DONALD TRUMP se acerca al podio.
Habla con voz fuerte, brusca, despreocupada.

TRUMP
“We’ve got to look at both sides … a lot of people are starving in Gaza, a lot of people.”
Y luego, con voz rotunda:
“We’re looking at Gaza, and we got to get that taken care of.”

Cámara corta a rostros en silencio.

CORTE A:

EXT. GAZA – DÍA

Edificios derruidos. Cuerpos de piedra y polvo.
Gritos lejanos, sirenas de ambulancia.


VOZ EN OFF (CALMA, DISTANTE)

Dos millones de vidas bajo el lente del mundo.
Tecnología que transmite cada explosión.
Y en Washington, el discurso se balancea entre preocupación y estrategia.


CORTE A:

INT. SALÓN DE CONFERENCIAS – OTRO DÍA (2025)

Una bandera de Israel detrás de un podio.

BENJAMIN NETANYAHU se dirige a la prensa.

NETANYAHU
“I support getting all the hostages out and meeting all our war goals — that includes destroying Hamas’s military and governing capabilities and making sure Gaza never poses a threat to Israel again.”

Breve pausa.

Ya habíamos visto esto.

Las noticias, desde hace unos cuantos años, parecen cada vez más escenas de algunas de las muchas películas que hay de la Segunda Guerra Mundial, a documentales de History Channel. De repente hemos visto a las grandes potencias de nuestra época en tensión; a los organismos multilaterales tratando de intervenir condenando guerras, invasiones, masacres y genocidios; gobiernos con líderes que resaltan su poder sobre otras naciones, amenazando con invadir territorios, deslegitimando a civiles indefensos y hablando de ellos como una caricatura, una amenaza, algo indigno de ser humano. Sin darnos cuenta el mundo retrocedió al menos ochenta años. Pero ¿Por qué? ¿Qué está pasando para que esos tiempos que parecían ya una sombra lejana, que aún hoy en día sigue siendo vista como el suicidio de la razón, vuelvan a aparecer después de todo el esfuerzo por evitarlos?

El historiador Reinhart Koselleck propuso una concepción de la historia que combina dos maneras de entender la historia. Para las culturas abrahámicas, por ejemplo, la Historia es lineal, con un futuro abierto, pero para otras culturas, como la griega, la Historia es un fenómeno cíclico que se repite constantemente.

Aunque muchos acontecimientos históricos parecen repetirse, cada uno adquiere un efecto de unicidad por la forma específica en que ocurre. Esa singularidad se vincula con su trascendencia: algunos hechos sobresalen como formaciones geológicas, dejando huellas profundas y duraderas en la sociedad, formando los estratos de tiempo. Parte de su impacto radica en la capacidad de sorprendernos; la sorpresa —como reacción ante lo inesperado— permite que ciertos eventos se distingan y que podamos compararlos, midiendo su permanencia e impacto a lo largo del tiempo.

Nos sorprendemos con las consecuencias de seguir viendo la historia del siglo XX casi que calcada en los noticieros, pero no vemos esto como es: una serie de problemas heredados, situaciones a las que se les han dado demasiadas largas y no nos permiten tener una verdadera estabilidad.

¿Qué se puede hacer para anticipar o solucionar las guerras o los autoritarismos?

Koselleck lo entiende como un desfase, una falta de coordinación entre la experiencia y la expectativa que tenemos del mundo, que no puede ser resuelta con inmediatez y aceleración, sino con análisis, como un caso clínico.

Hoy la geopolítica es un paciente psiquiátrico, que sólo puede ser tratado entendiendo que la repetición no se rompe con más velocidad, sino con más conciencia histórica.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/miguel-echavarria/

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