¿Y qué nos deja el 2025 en términos energéticos?

Llegó el último mes del año y, aunque para algunos pasar del 31 de diciembre al primero de enero es solo pasar de miércoles a jueves, para muchos se convierte en una época de celebración en la que abundan los balances, las promesas y los buenos deseos para el año que está próximo a iniciar. Y entre luces, adornos y chucu-chucu, es justo esa línea la que quiero usar para dejar sobre la mesa algunas reflexiones, datos y hechos que nos deja este 2025 en términos energéticos.

Este año es un año más sin apagones considerables en el país, pero la cosa pinta para que sea el último de la racha, pues de acuerdo con XM el margen de energía en firme desde este año es negativo. Es decir, que si tenemos una sequía prolongada, ya sea por un fenómeno de El Niño o algún otro, la capacidad instalada actual de generación de energía eléctrica no alcanzaría para cubrir la demanda.

Y como si no fuera suficiente, el consumo de los colombianos no deja de crecer y los proyectos de generación no responden a esa misma velocidad. Muestra de ello es que, de los proyectos que se tenían planeados, solo entró en operación el 8 %, y todos ellos fotovoltaicos, que aportan a la generación, pero no a la confiabilidad del sistema, pues no tienen una operación continua 24/7 y dependen de variables climáticas.

Para muchos de los que pudieran leer esta columna, hablar de apagón es solo un tema del que se habla mucho, pero para quienes vivieron el racionamiento entre 1992 y 1993 es un fantasma que todavía atemoriza. Y si en los noventa fue difícil, hoy por hoy sería peor, pues la energía eléctrica está detrás de todo: las comunicaciones, el internet y la conectividad. De acuerdo con Fedesarrollo, se estima que una hora país de racionamiento le costaría al país 280.000 millones de pesos, lo que, si tuviera un comportamiento similar al de hace más de 30 años, podría costar hasta 1,7 puntos del PIB.

Por otro lado, el país también tiene retos en los sistemas de transmisión y distribución, pues con la cabida de una generación cada vez más distribuida se hace necesario no solo construir más redes, sino también robustecer las actuales. Este es un campo en el que también se presentan retrasos de diferentes índoles.

Ahora bien, si se habla de compromisos económicos por parte del Gobierno, y de acuerdo con la Asociación Colombiana de Distribuidores de Energía Eléctrica (Asocodis), a noviembre de este año se estiman compromisos pendientes hacia los comercializadores por más de $6 billones de pesos, que se planean cubrir con el Presupuesto General de la Nación aprobado para 2026, pero que dejan en vilo los recursos para los compromisos que se generen el próximo año.

Y si el panorama eléctrico le parece gris, el del gas natural es un poco más oscuro. A partir del 1 de diciembre entraron en operación los nuevos contratos para atender la demanda de gas natural de Colombia, y no solo lo hicieron con precios superiores, sino también con mayor volatilidad y menor confiabilidad. Todo esto es consecuencia de la pérdida de autosuficiencia de este recurso desde 2024, la reducción en la exploración y los retrasos de proyectos aprobados como SIRIUS.

El gas no es un recurso menor, pues no solo es la fuente térmica de muchos hogares, sino también de numerosos procesos industriales y el respaldo del sistema de generación de energía eléctrica del país. Esto se debe a que nuestro sistema es altamente dependiente del régimen de lluvias y, cuando los niveles de los embalses bajan, es este recurso el que entra a cubrir lo que las centrales hidráulicas no alcanzan a generar.

Por último, creo que este año deja un sinsabor frente a la llamada “transición energética justa”, o por lo menos así lo percibo, porque se ha convertido en un argumento, un poco vacío, para justificar discursos que satanizan un sistema energético que hasta ahora ha respondido a las crecientes necesidades del país. El mundo necesita una transición energética y Colombia no puede ser ajena a ello, pero a su ritmo, con sus sabores, matices y recursos. No es posible planear una transición energética a oscuras.

Este año no nos deja, en términos energéticos, ni una chiva, ni una burra blanca, ni una yegua blanca, y menos una buena suegra. Nos deja dudas, preguntas y la certeza de que no podemos seguir haciendo lo mismo. Felices fiestas y que el próximo año iniciemos un proceso de trabajo serio, estructurado y posible alrededor de la energía, capaz de ir más allá del gobierno de turno y que nos permita encender las luces navideñas con tranquilidad el próximo año.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/julio-betancur/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar