Es raro, porque lo obvio no lo es para todos, especialmente si se trata de defender derechos.
La verdad es que es difícil entender por qué alguien quiere controlar las decisiones sobre nuestro cuerpo: desde cómo nos vestimos hasta si queremos o no tener un hijo.
Miento. Es fácil entenderlo: el control sobre el otro. Toda una cuestión de poder.
Y siempre hay gente interesada en quitar derechos adquiridos. A pocos días de que el nuevo Congreso se posesionara, la bancada provida ya radicó un proyecto para reabrir el debate sobre el derecho al aborto en Colombia. A eso sí que le madrugan. Quieren modificar el artículo 11 de la Constitución y que se establezca que la vida humana comienza desde la concepción.
Por ahí cada tanto veo un aviso en la carretera con un feto chupando dedo que dice que a los dieciocho días ya pueden sonreír. Porque con la camándula se soluciona el mundo y todo bebé nace con un pan debajo del brazo.
Cada tanto recuerdo a un profesor de una clase de economía que decía que los pobres son necesarios para hacer el trabajo que nadie quiere hacer, pero que hay que hacer. Solo que ojalá que uno no sea el pobre.
Cuando abortar no es un derecho, muchas mujeres mueren intentándolo porque las condiciones no son adecuadas, y porque no van a dejar de hacerlo. Dice la Organización Mundial de la Salud que seis de cada diez embarazos imprevistos se interrumpen voluntariamente. Cada año se provocan cerca de 73 millones de abortos en el mundo. Dice también que el aborto es una intervención de salud que se practica con frecuencia, muy segura si se realiza utilizando un método recomendado, adecuado para la duración del embarazo y practicado por una persona con las capacidades necesarias. Sin embargo, alrededor del 45 por ciento de los abortos se realizan en condiciones de riesgo. Cuando una mujer encuentra obstáculos para acceder, sigue diciendo la OMS, es posible que recurra al aborto en condiciones de riesgo. Y de riesgo implica la muerte. Una muerte evitable.
La cosa sigue, pero aquí lo provida no funciona, es decir, la vida de las mujeres que ya están vivas no importa: “No tener acceso a una asistencia segura, asequible, oportuna y respetuosa para el aborto y el estigma que lleva asociado pueden afectar al bienestar físico y psíquico de las mujeres durante toda la vida”.
Toda la vida: el resto de la vida.
Pero es que al final esas vidas de las mujeres que quieren abortar no importan por pecadoras.
El pro de la palabra provida tiene grandes limitaciones (porque ellos en realidad son pronacimiento).
Leo el artículo de la OMS por una razón simple: está a un clic en Google, lo que significa que cualquiera lo puede leer. Que entenderlo requiere un nivel básico de comprensión lectora. Lo demás son creencias y excusas religiosas para controlarnos. Porque otra vez la cosa es, según la OMS, que impedir el acceso a un aborto seguro vulnera los derechos a la vida, la salud y la autonomía.
En fin, que hay información disponible para entender que hay derechos fundamentales, y que quienes tratan de quitarlos se están mirando el ombligo: defender sus propios intereses.
Porque solo se les ocurre que una mujer quiere abortar por deporte, pero no les alcanza para entender que hay variables, que requiere contexto, que no es fácil. Por ejemplo: las niñas abusadas que quedan en embarazo sin su consentimiento. Vale muchísimo la pena leer El Acontecimiento de Annie Ernaux. Bien dice un amigo: esos que dicen que las mujeres van a abortar como método de anticoncepción deberían leerlo y hacer una plana con lo aprendido.
Y aquí está la cosa: que tengamos que volver a hablar de esto cuando ya en Colombia es un derecho ganado. Que tengamos que preocuparnos porque todavía hay quienes insisten en controlar nuestros cuerpos, nuestras decisiones, nuestros derechos.
Cuando se pierde un derecho, se están perdiendo años de luchas y de avance. Se pone en peligro a los que tienen menos privilegios, porque al final los más privilegiados encuentran el camino de saltarse la regla.
Como si no faltara todavía mucho camino y luchas por delante. Y aquí proponiendo caminar hacia atrás.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/