La genialidad musical de Willie Colón es tan grande que nadie la puede poner en cuestión, hizo brillar a otros titanes como Celia Cruz, Héctor Lavoe y Rubén Blades, y también fue capaz de brillar con luz propia como solista. Era imposible meterse con eso, pero incapaz de ver tanto brillo, la progresía latinoamericana “siembra” ruido sobre su postura política, claramente inclinada hacia la derecha.
Y es que es raro que un artista se vaya a esa esquina del ring. ¿Las razones? Creo que generalmente son dos: Una, que los artistas sobreestiman su inteligencia, desarrollada por la sensibilidad artística, y creen que es extrapolable a la política y a la economía, por lo que jamás se preocupan en profundizar su conocimiento y permanecen en la ignorancia. Dos, que muchos temen dejar de vender sus obras y aspiran a la existencia de un Estado fuerte y controlador que les pague por su arte, por supuesto, para que no suene egoísta, en el nombre de educar y cultivar al “pueblo”.
Pero bueno, volviendo al trombonista, se le critica por ser latino y defender a Trump y sus políticas de migración (que a juzgar por cómo se refieren los progres a los gringos que vienen a Latinoamérica, no hay gran diferencia de conceptos) o el fin de las dictaduras en Venezuela, Nicaragua y Cuba. En fin, se le acusa de ser un retardatario, pero todo lo contrario, la suya es la postura de quien ve en los latinos toda la potencia para avanzar y ser desarrollados.
Es la posición de quien ha visto cómo los latinos, en un país con libertad económica, democracia e imperio de la ley, florecen y hacen, por ejemplo de La Florida, un territorio muchísimo más rico que la mayoría de países del mundo. Que el problema no es la “raza latina”, que nuestra ancla que nos mantiene en el atraso es, al contrario, la mentalidad tipo “venas abiertas”, la vocación por un Estado omnipresente que lo “resuelve” todo, el temor por el libre comercio, y vivir bajo las dictaduras y sometidos a movimientos guerrilleros que ha instalado la izquierda bajo el patrocinio de Cuba ante el silencio absoluto y cómplice de nuestras élites intelectuales.
Su música, al principio, era criticada por poco refinada y académica, pero “El Malo” tenía la verdad del sonido del barrio. Así mismo suelen ser las posturas de derecha, no son tan perfumadas ni adornadas en tesis, pero como decimos aquí en Colombia: las tías uribistas tenían más razón que sus sobrinos que fueron a la universidad.
Adiós a un grande, que se merece un Baquiné de Angelitos Negros.
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