Iba a votar por Sergio Fajardo, como casi siempre. Creo que él sería el mejor gobernante para una Colombia rota como la que tenemos ahora: polarizada, violenta, con una crisis social apremiante y con una economía inestable a futuro. Sin embargo, y como las encuestas lo confirman, una tras otra, no tiene opciones de llegar a segunda vuelta y tendré que apelar al voto útil que tanto me fastidia.
Yo considero, como lo he dicho en repetidas ocasiones y en diferentes espacios, que tanto Iván Cepeda como Abelardo de la Espriella, esto es, los proyectos políticos que representan, son peligrosos porque excluyen de tajo a la mitad de la población. Sus posturas se enfocan en hacer perder a “los otros”, en culpar de cada problema del país a los del espectro político contrario y a construir visiones de sociedad en las que solo caben “los iguales”, “los míos”.
Ahora, ¿es Paloma Valencia totalmente lo contrario a esto? No, no es totalmente lo contrario. Ella ha sido una contradictora enfurecida que también ha apelado a la exclusión y a la polarización como tácticas, pero hoy, en el panorama de ruptura, es quien ha sabido entender que hay que recoger diferentes visiones para tener un proyecto político menos sectario.
Paloma no sólo no me emociona sino que no se me olvidan varias salidas suyas con las que estoy en pleno desacuerdo: la división del Cauca, la relativización de la existencia de los falsos positivos, la negación del genocidio en Gaza. Ella es la derecha que tanto me molesta, clasista, solapada, negacionista. Sin embargo, hay una cosa clara: la política se hace sobre escenarios posibles, y Valencia es el escenario en el que existe una pequeña posibilidad de unir más posiciones éticas que sí comparto, representadas algunas por Aníbal Gaviria, otras por David Luna y Juan Manuel Galán, y muchas por Juan Daniel Oviedo.
Paloma debe ser consciente de que parte de su respaldo no proviene únicamente de su propuesta, sino del rechazo a sus contendores: algunos votarán por ella para derrotar a Abelardo en primera vuelta y a Cepeda en segunda; otros, motivados por la inclusión de Oviedo como su fórmula vicepresidencial. Esta realidad le impone una decisión de fondo si llega al Palacio de Nariño: puede optar por ser la candidata del Centro Democrático y gobernar bajo las visiones de un partido que ha mostrado lentitud para interpretar el momento político del país, o asumir el liderazgo que ese mismo momento le ofrece y convertirse en una presidenta con agenda propia.
Gobernar anclada al pasado o proyectada hacia el futuro: esa elección le pertenece exclusivamente a ella.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/daniel-yepes-naranjo/