Se te acaba de morir tu hijo y ya te dicen que fue tu culpa porque lo dejaste montar en bicicleta.
El dolor más grande de tu vida y el presidente, el Aureliano Buendía, dice, frente a todo el país, que a un niño de diez años con hemofilia A severa no lo deberían dejar montar en bicicleta y te echa todo un discurso sobre la prevención, pero que el sistema de salud no enseña eso y las mamás no nacen aprendidas y menos en niveles educativos deficitarios.
No fue la enfermedad, no fue que no le entregaran el medicamento a tiempo, no fue el sistema de salud que funciona mal, no
nada de eso,
no.
Vos, la madre a la que se le acaba de morir su hijo, esa que debe estar en una dimensión distinta, tratando de entender que ese niño ya no va a estar,
ella es la culpable.
El ministro de Salud se lo repite: que a un niño hemofílico hay que restringirle ese tipo de situaciones.
Se lo dicen horas después de la muerte.
No ha habido investigación ni tiempo para nada más, pero ya, a vuelo de pájaro, hay que repetirlo: la mamá es la culpable.
No es que las EPS estén funcionando mal, ahora y desde hace tiempo, pero ahora es importante porque se supone que las están reformando e interviniendo para solucionar sus problemas, para que la corrupción no las ahogue, para que funcionen bien y nadie muera y la gente reciba sus medicamentos y sus tratamientos a tiempo, y está bien, para que la gente prevenga, para que las familias prevengan, pero es que no podés prevenir cuando ya el problema existe.
Por eso es mejor decírselo de una vez, buscar una culpable rápida: la madre, esa mujer que acaba de perder a su hijo de diez años, que tuvo que llevarlo de afán —parece que rogar incluso— de un hospital de un pueblo a uno en la capital, que lo vio caerse, que lo vio desangrarse, que estuvo en vilo, pidiendo —seguro al dios en el que cree— que le pudieran parar la hemorragia, que sobreviviera.
Fuiste vos, le vuelve a decir el otro día Aureliano, no con esas palabras, pero con otras, por no haber aceptado una cirugía, por cambiarlo de EPS, por una fecha aquí y otra allá.
Pero no porque no recibió el medicamento a tiempo, no porque hay un problema con las EPS, no
nada de eso
eso no es posible.
Y lee el expediente completo, como si eso se pudiera sin consentimiento, como si el cuerpo de un niño fuera material pedagógico, de rendición de cuentas. Como si fuera necesario, ante el dolor, ventilar el expediente, los diagnósticos, las decisiones médicas, las fechas, las cirugías, las EPS, restregar, comparar, esto dijo aquel y esto el otro y esto hizo o no hizo la mamá, porque hay que decir que no han mentido,
no hemos mentido.
Y mientras tanto la mamá, pese al dolor, pese a que su hijo ha muerto, tiene que salir a defenderse, a decir que no pasó así, a explicar por qué no aceptó la cirugía, a decir que ellos no hicieron nada, que había recibido una llamada en la que le decían que el centro en el que su hijo recibía el medicamento se quedaba sin contrato con la EPS
y etcétera
porque lo que importa es encontrar —rápido, inmediatamente— un culpable
aquí no importa que un niño haya muerto
no importa que a una mamá le duela un hijo
importa buscar al culpable para esconder que, pese a varias evidencias, no lo están haciendo tan bien como creen
pero exhibir datos médicos de un niño muerto —y de cualquiera— no es un acto de transparencia.
Lo que sería fundamental si de verdad el pueblo importara sería aceptar que no ha salido como pensaron, que el sistema de salud no ha mejorado o no está en el punto en el que debería, que muchos la están pasando mal, que la crisis no es un invento, que la procuraduría ya les dijo en diciembre que la falta de acceso a medicamentos estaba poniendo en riesgo la vida de muchos, que las cosas siguen tan mal como antes, o si no tan mal, no están bien, o si no tan mal, quizá peor, y reconocerlo sería el primer paso para hacer algo, para cambiarlo, para por fin cumplir esa promesa de tener un sistema de salud que funcione.
Incluso, antes de afanarse a señalar un culpable, primero habría que investigar lo suficiente, manejarlo con más cuidado, con un poco más de algo que parece perdido: humanidad.
Lo otro es ser muy hijueputas: insinuar que fue la mamá, su ignorancia, sus decisiones, el dejarlo montar en bicicleta. Claro, es más fácil que aceptar las responsabilidades propias.
Pero qué más da, estamos en un país donde los muertos solo duelen cuando son de uno.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/