Tomaré el camino del escándalo y el dramatismo, y con esos tonos afirmo, convencido, que hoy más que nunca es necesario un debate de todos los candidatos presidenciales —o al menos los más opcionados— en vivo y televisado.
También me atrevo a decir que, si depende de los candidatos, este no se dará, dado que sus cálculos y estrategias les indican que es mejor evitar ese terreno incierto y de múltiples riesgos no controlables. Una mala palabra, una mala idea o una salida en falso son riesgos que el puntero, según las encuestas, @IvanCepedaCast evitaría a toda costa, porque en las proyecciones más conservadoras ya está en segunda vuelta y en las más optimistas sería presidente en primera. Díganme quién, con esa favorabilidad política y sin la necesidad de un debate, quisiera asumir ese riesgo.
Quienes disputan la segunda plaza de la final presidencial, @DELAESPRIELLAE y @PalomaValenciaL, no van a ir a sacarse los trapitos, debilitarse y debatir entre ellos con el puesto ausente de @IvanCepedaCast, porque dentro de sus estrategias tampoco sería conveniente, al menos en principio.
Entonces, si por los candidatos fuera, a mi modo de ver, a primera vuelta nos vamos sin debate presidencial en vivo y televisado. En medio de este cálculo electoral de los candidatos, a quienes nos corresponde hacer que ese debate se dé es a la sociedad civil, los ciudadanos que, desde cualquier lugar o plaza que ocupen, puedan ejercer presión.
En caso de no darse un debate en vivo y televisado, para mí sería un hecho lamentable y un ataque a la democracia contemporánea, y le pongo ese adjetivo porque lo contemporáneo nos ha dado elementos nuevos en la política. Aunque muchos sean negacionistas, la realidad es que hoy en día la política es digital y se hace por medio de las redes sociales. Tan así que el candidato con mayor intención de voto, según las encuestas, @IvanCepedaCast, renunció al debate en vivo y se atrinchera en su escudo digital.
Esto resulta problemático porque las redes sociales son como una burbuja en donde sus usuarios solo escuchamos y vemos lo que nos gusta. Esto, por la forma en que estas plataformas están creadas: con incentivos de atención, los cuales buscan mantenernos enganchados el mayor tiempo posible y, para ello, nos segmentan, nos muestran lo que nos valida y premian contenidos más emocionales, divisivos o extremos. Nos encierran en nuestros sesgos y muchas veces nos radicalizan.
Y, por otro lado, los candidatos, al expresar sus ideas en sus propias redes sociales, controlan, maquillan y planean sus intervenciones: cortan errores, editan y presentan, a su antojo y en la forma que desean, sus propuestas y discursos. En otras palabras, el contenido está controlado.
Por eso el debate hoy importa más que nunca, porque obliga al candidato a enfrentarse a la réplica, al contraste y a la respuesta en vivo, y a salir del mundo controlado de su espacio digital. Ahí podremos ver sus fortalezas, sus debilidades y su capacidad real de defender lo que piensan, de pensar en tiempo real y de gobernar nuestro país.
Del lado de los electores, a muchos se nos reventará esa burbuja de reafirmación constante que produce el nicho digital, y se nos permitirá ver distintas ideas en un mismo espacio, incluso vernos confrontados, rebatidos y, quién sabe, hasta cambiar nuestra decisión electoral.
Es por ello que, en épocas de redes sociales, un debate televisado y en vivo no es una opción: es una necesidad, una obligación con la democracia. Y ante la negativa de @IvanCepedaCast y la decisión condicionada de @DELAESPRIELLAE de asistir a estos espacios, somos los ciudadanos los encargados de exigir que esto suceda. Somos nosotros quienes debemos decir que la democracia merece un debate en vivo, real, sin maquillaje y en donde podamos ver lo que de verdad se le está ofreciendo al país.
Cuando la política se vuelve un monólogo editado y el ciudadano habita en una burbuja de confirmaciones, debatir pasa a ser una obligación democrática.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/ramon-de-los-rios/