Una paloma alicaída

Las decisiones que ha tomado Paloma Valencia en estas elecciones presidenciales parecen pensadas para un escenario de segunda vuelta, sin percatarse de que antes hay que pasar por primera. A Paloma Valencia y a su equipo les faltó más prudencia y menos triunfalismo. Se olvidaron de que en el primer round el rival a vencer era un tigre y no la izquierda colombiana.

El cálculo aritmético era lógico: si se suman los casi seis millones de votos de “la gran consulta por Colombia” con lo que se podría sacar del centro político, no era extraño pensar en una segunda vuelta.

A partir de ahí da la impresión de que todo empezó cojo. El espejismo de una realidad inexistente los ha llevado a tomar decisiones poco acertadas y a encaminar la campaña por un escenario enredado. Mucho dirigente y poca gente, mucha reunión privada y poca plaza.

Y es que sí, todo indica que la consulta los llevó a un desierto en donde empezaron a ver espejismos. Esto, sumado al excesivo cubrimiento mediático sobre la decisión de Oviedo de aceptar la vicepresidencia y al aterrizaje masivo del Centro Democrático —exministros, exasesores, ex ex— con ansias de volver a rozar el poder, los llenó de adulaciones, triunfalismo y decisiones tomadas por el deseo y no por la razón.

La visita de Paloma Valencia, seguida de la de Abelardo de la Espriella a Nariño, puso sobre la mesa una realidad. Mientras Paloma, en su estrategia, priorizó las reuniones privadas secundadas por los políticos y los cócteles cerrados liderados por los empresarios, Abelardo tomó un riesgo: se abrió a la gente y convocó a todo el que quisiera llegar, sin discriminar, sin cerrar espacios, y dispuso el Centro de Eventos Andino, ubicado en el norte de Pasto, con capacidad para 5.000 personas, para ofrecer lo que podríamos llamar un discurso en plaza pública. En la ciudad capital del bastión petrista colombiano, en el departamento en donde el Pacto Histórico, en 2022, en primera vuelta obtuvo el 70 % de los votos y en segunda el 80 %.

Lo que quedó en el imaginario fue que Abelardo llenó el centro de eventos, mientras que a Paloma no se la sintió. Y es que, mientras por un lado están priorizando las alianzas políticas y dando apertura a los líderes políticos de antaño de las regiones, por el otro están apostándole a la emocionalidad y los sentimientos, una suerte de populismo de derecha acompañado por el “firmes por la patria” y la “Colombia milagro”.

Aún quedan 41 días para la primera vuelta y queda clara la importancia de leer el escenario político actual. Las candidaturas deben construirse de abajo hacia arriba, soltar un poco las adhesiones y los espacios cerrados y trasladarse a la emoción de las personas. No hay que confundir política con matemáticas.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/ramon-de-los-rios/

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