Para escuchar leyendo: Al otro lado del río, Jorge Drexler.
Otra vez la quebrada La Presidenta. Otra vez El Poblado bajo el agua. Otra vez el alcalde en botas recorriendo el desastre. La quinta inundación, según la administradora del edificio Poblado Bonito, quien junto a sus vecinos tuvo que inventarse un sistema de compuertas para defenderse del agua. Mientras tanto, en la Avenida El Poblado se abrió un socavón donde la quebrada pasa por debajo de la vía, dejando atrapado hasta un bus. Ay, si no miráramos a las quebradas solo cuando son malas noticias.
Lo que estamos viendo no es una sorpresa para nadie que haya prestado atención. Desde 2007, el Área Metropolitana ya advertía que la zona baja de La Presidenta era un punto crítico de alto riesgo por inundación. Diecinueve años de alertas archivadas. Y mientras tanto, la población de la cuenca pasó de 56.000 a más de 122.000 habitantes, impermeabilizando laderas que antes absorbían el agua. Hoy, lo que antes tardaba dos o tres días en llegar al río lo hace en veinte minutos.
A eso se suman los llamados «súper aguaceros». Como lo dijo el alcalde Gutiérrez en su X, en apenas 44 minutos cayeron 87 milímetros el pasado 28 de enero, la lluvia de todo un mes en El Poblado. El cambio climático no espera y la Medellín a otro nivel nada que lo logra afrontar.
Entonces ¿qué tenemos? Tenemos una ciudad que creció de espaldas a sus quebradas, que las entubó, las olvidó, construyó encima, y ahora paga las consecuencias cada temporada de lluvias (Carajo, que hasta soterramos nuestra nodriza, la Santa Elena).
Hoy tenemos 300 puntos críticos identificados en 91 quebradas de Medellín con riesgos hidráulicos, y un plan de obras que, aunque bienvenido, sigue siendo reactivo.
Y aquí viene la cantaleta. Medellín ya tuvo una respuesta institucional a todo esto. Se llamó el Instituto Mi Río. Durante cerca de once años mantuvo vivos los márgenes del río y sus más de 4.200 afluentes, promovió educación ambiental, protegió 800 hectáreas en el nacimiento del río y generó cerca de 30.000 empleos mediante el programa PARCE, que le ofreció a jóvenes de las comunas una salida distinta a la violencia. En 2002, un alcalde lo liquidó, y volvieron las inundaciones. Y ojo, que ese alcalde quiere repetir cargo el año entrante.
Hoy, la administración de Federico Gutiérrez retomó parte de ese espíritu con el programa «Mi Río, Mis Quebradas» y una inversión importante. Bien. Pero un programa presupuestal no es lo mismo que una entidad con mandato, memoria institucional y continuidad. Los medellinenses hemos invertido históricamente mucho más en acueducto que en saneamiento básico, y esa desproporción le ha permitido a nuestras quebradas «cogernos ventaja» durante décadas.
Lo que necesita Medellín es un plan integral, permanente y vinculante para el río y sus afluentes, sobre todo ahora que estamos ante la discusión de nuestro nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, para que nunca más nuestra relación con nuestras cuencas no dependa del ciclo electoral. Necesitamos una planificación que ordene el territorio, que frene la urbanización irresponsable en las laderas y que trate el agua como lo que es: el asunto más urgente de la ciudad.
Mientras eso no pase, seguiremos poniendo compuertas improvisadas. Y yo seguiré con esta cantaleta.
¡Ánimo!
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-henao-castro/