Con el bombardeo a Irán, Trump e Israel hicieron más por los derechos humanos y por la liberación de las mujeres que todas las organizaciones que, durante décadas, han dicho que se dedican a ello. No es casualidad, todo está conectado, de hecho, esas mismas organizaciones que habían enmudecido ante la masacre que venía adelantando la dictadura islámica contra cualquiera que se atreviese a protestar, se acordaron del derecho internacional para denunciar a Estados Unidos.
Ya lo habíamos visto hace un par de meses con Venezuela, la progresía zurda, que no hizo nada para denunciar o detener la consolidación de una dictadura en ese país, se acordó de los derechos de ese país justo cuando detuvieron a Maduro.
¿Pero por qué la izquierda se pone del lado de todo lo que dicen criticar? De dictaduras que no tienen ningún respeto por los derechos de sus ciudadanos, del fundamentalismo religioso, de gobiernos que le traen miseria a su gente, de grupos islámicos que consideran a la mujer algo poco menos valioso que un mueble. Pues porque, como dirían los viejos, por la plata baila el mono.
Y no es intuición o conspiranoia, el mismo Pablo Iglesias, ícono de la izquierda iberoamericana, confesó una vez públicamente que recibía financiación iraní pues porque, al fin y al cabo, ambos estaban en contra de la cultura hegemónica occidental, el enemigo de mi enemigo es mi amigo… Igual sucedió en Latinoamérica con la plata que el chavismo hizo llegar a las campañas de izquierda, o con el apoyo logístico y financiero que la dictadura cubana le brindó a la insurrección. Los derechos les valen huevo, solo aparecieron para defender sus sucios intereses.
Eso sí, he de hacer un mea culpa, nadie es infalible… Yo tenía a Trump en el peor de los conceptos, y sus formas me aterran. Pero con su actuar, y probablemente gracias a la asesoría de Marco Rubio, ha demostrado primero, una comprensión impresionante del mundo y de cómo estaban operando los rivales de Estados Unidos para desestabilizar a Occidente, y segundo, una capacidad de ejecución ejemplar. Lo suyo son los hechos, no la guerra de palabras.
Trump está cambiando el panorama a niveles equivalentes a la caída del muro de Berlín, y nuevamente consolida a Estados Unidos, la democracia y el capitalismo como los grandes triunfadores. Y en Colombia, que gracias a Petro ya era un peón más en ese juego del “eje del mal”, debemos estar muy agradecidos.
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