Trazos de burbuja 

Lo opuesto al denominado síndrome del impostor, lo define esa expresión popular en Antioquia “es que se tiene confianza”. Y esa fue mi reacción al escuchar lo que acaba de reconocer públicamente Lucas Gómez Cuartas, una de las figuras más sobresalientes del desarrollo hotelero de Medellín en el último tiempo. 

Lo más impactante del video no fue lo que dijo, mucho de eso ya lo había advertido yo en una columna titulada ‘Y si Medellín pasa de moda’, si no el tono de congojo, su rostro de preocupación y su misma confesión después de describir la realidad económica de este modelo de negocio.   

“Es una tesis tan importante que permitió que mucha gente creyera, produjera esta infraestructura —hotelera y de rentas cortas— y se creara una burbuja inmobiliaria”, confesó Gómez Cuartas, quien en otro apartado dice “ustedes invirtieron con unas expectativas de rentabilidad (…) y hoy son menores de lo que inicialmente se proyectaban”. 

Y es que mucha de la infraestructura pomposa de hoteles que se levantó en El Poblado en los últimos años ponía a frotar las manos a muchos, pues las proyecciones mostraban utilidades del orden del 50%. Se tenía confianza. 

Hoy las cifras en la ciudad muestran que tanto la ocupación, como las tarifas han caído por el orden de un 18% entre 2025 y lo corrido de 2026 y esos hoteles que se pintaban como lámparas de aladino están teniendo un ‘desempeño negativo’. Por ejemplo, en uno de esos portafolios se proyectaba un TRM de 4.190; una ocupación del 75% —según Cotelco hoy está en 62%— y una tarifa por noche de 520 mil pesos. Ninguno de esos supuestos hoy se está dando. 

Tenerse confianza es creer que el éxito turístico de Medellín podría ser sostenible en el tiempo cuando algunos de sus atractivos son esperpentos arquitectónicos, como un Cristo con sombrero, poncho y carriel o —peor aún— sobre una idea de que Medellín es el lugar de la rumba sin control. El primero saltaba a la vista y el segundo se frenó con un esfuerzo mayor en los controles migratorios. 

De ninguna manera se trata de satanizar al turista o incluso a quien quiere hacer crecer ese renglón de la economía. Pero es urgente que Medellín se pregunte ¿estamos dispuestos a recibir menos turistas, pero más calificados? ¿qué haremos con una cantidad inmensa de cuarticos aesthetic desocupados mientras el valor del suelo en algunas zonas de Medellín crece a tasas similares a las del oro? ¿Cambiaremos la lógica de construir ciudades para los extranjeros en las que solo ganan alquimistas?  

Esta confesión llega justo cuando inicia la discusión de la actualización del POT en la ciudad y podría —aunque no lo quiera— ayudar a dar pistas sobre el tema, porque quizá no se trate de un asunto meramente normativo, puede ser también un tema de burbujas.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/daniel-palacio-2/

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