“Están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina;
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.”
La Patria-María Mercedes Carranza
Han pasado muchos años desde que María Mercedes Carranza escribió estos versos que mostraban un país destruido y sin esperanza. El país ha cambiado, tiene unas condiciones distintas y, aun así, llevo muchos días preguntándome qué tan vigentes son estas palabras.
Con las elecciones de este domingo no me quedan sino tristeza e incertidumbre, con unos ganadores que son tan vergonzosos por su actitud provocadora, por sus propuestas que dan tanta ansiedad, que es difícil pensar hacia donde irá el país con alguno de estos gobiernos en un país tan dividido.
Dentro de un mes voy a cumplir veinticinco años, y mi vida parece desmoronarse. Mis perros murieron, me atropellaron, me han preguntado para qué soy bueno, no tengo una respuesta clara y no sé hacia dónde llevar mi vida.
Por lo general pienso en las elecciones y en la política como una responsabilidad, algo de lo que hay que estar consciente e informado, pero por lo general parece que mi vida, que nuestras vidas, no dependieran particularmente de la política. Y sin embargo pienso en Colombia, el único país al que le puedo decir hogar, y me doy cuenta de que mi vida y hasta mi manera de ser han sido moldeadas por nacer, crecer y vivir en Colombia.
¿Pero qué es Colombia? ¿Cómo el país en el que nací, y en el que he vivido toda la vida se ha vuelto en mi casa? ¿Me ha dado las oportunidades suficientes? ¿Es un país en el que quiero vivir? ¿Para mí, para ti, querido lector, qué es Colombia?
Colombia es un país que se sacude, por los sismos, por los volcanes, por las inundaciones, por los bailes de salsa o reguetón, por la música que suena en las calles o en los conciertos. Es un país orgulloso de ser el segundo más biodiverso del mundo, lleno de pájaros, jaguares, frailejones, osos y hasta un río de colores. Parece una carta de presentación muy bonita, pero que nos falta dimensionar la responsabilidad que eso implica.
Colombia es un país que cambia mientras se sacude. En este momento está lleno de extranjeros, los barrios se ven llenos de restaurantes, hoteles y discotecas; las montañas se llenan de altos edificios, y algunos caminamos viendo el paisaje mientras que pasan carros. Cada vez hay más libros, editoriales y librerías y pienso en que vivir estos cambios, este crecimiento de la cultura me da oportunidades como nunca ha habido en este país. Siempre me enfoco y me obsesiono con mis pasiones, que sé que una de ellas son las letras y los libros, y que es mi manera de construir un proyecto de vida.
Colombia es un país en el que siempre he vivido reafirmando que soy diferente, en una sociedad que no se esfuerza en comprender lo que es distinto, y esa es una manera instintiva de resistencia. Con los resultados de las elecciones me pregunto hacia dónde vamos, qué sociedad somos y qué esperamos, o más bien, qué esperan.
A Álvaro Uribe, el político colombiano más influyente del comienzo de este siglo, crecí viendo que la gente lo admiraba hasta un punto que roza con la idolatría, defendiéndolo como si alabaran a un rey. Menciono a Uribe porque lo cuestiono, y no por las razones que suelen decir muchos de sus opositores, que para los propósitos de esta columna no vienen al caso, sino por la dinámica mesiánica de hacer política, en la que más que haber visiones de país coherentes parecía una forma de estar constantemente rindiéndole pleitesía a su figura. Y políticos del otro espectro tampoco se salvan. Gustavo Petro también nos demostró su egolatría y narcisismo, con lacayos que hicieron de la lambonería un espectáculo de televisión nacional, como Gustavo Bolívar diciéndole que lo amaba, mientras que el país se iba por el desastre. Como diría el poema, cuando cantan cantan sus fracasos.
Mientras tanto ahí quedan, visiones de país que se contraponen, pero no se ponen de acuerdo. Un país cada vez más dividido, que reacciona con violencia a quien cuestione lo que cree. Cada vez somos más indiferentes del sufrimiento del otro, a las grietas que tiene este país, y peleamos hasta por tener una versión oficial de nuestra historia. Colombia parece ser una obra en construcción, una “patria en construcción”, o incluso un adulto disfuncional que está en plena crisis de identidad.
Y esa crisis viene haciendo estragos. Carranza dice que esta casa hace varios siglos que se viene abajo, pero ¿hay un punto de reversa, hay un límite para que sus cimientos la sostengan o se termine de ir abajo?
Es impresionante cómo unas elecciones nos hacen sentir a la deriva de tantas preguntas que deberían ser certezas. Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella son candidatos que, en medio de sus constantes ataques, de sus declaraciones, pero también de sus silencios, y de cómo se contraponen el uno al otro, nos dejan indefensos con todo lo que amenazan.
Amenazan la libertad de prensa, el sistema de salud, la constitución, la soberanía económica, al final vemos cómo la estabilidad de Colombia se tambalea en medio del miedo. ¿Esta sí será una casa en ruinas?
Yo siempre trato de ser optimista, de esperar que todo mejore con el tiempo, que siempre aparezcan nuevas oportunidades y mejoras, aunque me pregunto, ¿qué cimientos sostienen esta casa que no sean la muerte, la violencia y la pobreza? ¿Serán de pronto los sueños, las ilusiones con las que a veces nos conformamos?
Al final, cada país está compuesto por las vidas, experiencias y deseos de todos sus habitantes, y así como la tierra se sacude esta casa que es la patria está llena de inquilinos. Pienso que los sueños, los proyectos de vida y también los principios de cada uno forman por lo menos unos cimientos, aunque no sé qué tan sólidos. Pero sí sé que hacer patria, hacer nación es una responsabilidad colectiva, que implica cuestionarnos qué buscamos y qué queremos como individuos, y dejar de ser conformistas para aprender a vivir con dignidad. Porque, al fin y al cabo, en esta casa todos estamos enterrados vivos.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/miguel-echavarria/