Los seres humanos son malos por naturaleza. Las interpretaciones simples de filosofía política le atribuyen un origen a esta máxima en las palabras de Nicolás Maquiavelo. Los medios de comunicación se han encargado de profundizar esa percepción de maldad humana, de bajeza moral, de todos contra todos. Una noticia lo es, principalmente, en tanto muestra una infamia. Todos los actos bondadosos que sostienen el mundo no hacen parte de las agendas noticiosas. No se ven, como el sistema radicular de un árbol milenario, que es la vida misma.
Pero ahí están, sosteniendo todo. Los encontramos en la palabra amable, en el amor comunitario, en la acción desinteresada. Pese a que en los arquetipos sociales privilegien valores como la dureza y el egoísmo, siempre hay personas que eligen la bondad. Y son muchas, aunque no tengan los reflectores alumbrándolos. Sus existencias permiten que la vida social sea posible, que podamos seguir habitando la tierra.
Volví a pensar en la bondad humana en medio de algunos capítulos de Ted Lasso, la serie gringuísima de Apple TV. Lasso es un antihéroe algo chapulinesco que decide, todos los días, y a pesar de que la vida parece estar señalándole que está equivocado, responder con bondad ante la infamia. Este particular técnico de fútbol, venido de otro planeta, corre todos los días con el riesgo de que lo bauticen gil, y, de hecho, todos y todas lo hacen, sin saber que en sus actos están las columnas que sostienen el mundo.
Recordé entonces que hay personas que defienden, sin cobrar un peso, a madres cuyos hijos fueron asesinados por el Estado. O que hay otras que ofrecen talleres de escritura gratuitos para leer en voz alta La soberanía del bien, de Iris Murdoch, por el solo hecho de mantener la llama prendida, de asombrarnos con la belleza, de que el mundo sea más eso y menos el refugio de tecnobros.
Que hay otras que se conmueven ante el dolor ajeno, que ponen la piel ante la injusticia, que insisten en que otra sociedad es posible. Que hay muchas personas prendiendo fuegos, para que la llama de la vida no se apague con toda la infamia que tenemos que soportar, que se mantienen suaves, pese a que el mundo se ponga duro.
Recordé la frase atribuida a Kurt Vonnegut, que parece sonar más fuerte cada vez que la desesperanza trata de apoderarse del mundo: “Sé suave. No dejes que el mundo te endurezca. No dejes que el dolor te haga odiar. No dejes que la amargura te robe la dulzura. Aunque el resto del mundo pueda estar en desacuerdo, sostén con orgullo tu creencia de que la tierra es un lugar hermoso”.